Estaba toda la semana pasada dando vueltas que tenía que escribir mi siguiente artículo sobre nuestro viaje a Patagonia organizado por nuestro amigo Alejandro Blanco y, curiosamente, leí un artículo de David duChemin en su revista Photograph completamente relacionado con lo que creo que me pasó aquí, y ahora mismo me doy cuenta.

Anochece en el Lago Pehoé

Anochece en el Lago Pehoé. © David García Pérez 2013.

El artículo básicamente giraba entorno a al hecho que muchas veces los fotógrafas/os nos olvidamos cuando salimos hacer fotos, llevar una mente abierta. Iba, o tal vez íbamos, buscando un tipo concreto de imágenes, que creo que nos condicionó bastante a la hora de afrontar lo que se nos ofrecía en cada momento a la hora de fotografiar. Pero me estoy adelantando a los acontecimientos. Vayamos paso por paso a la historia que nos llevó hasta aquí.

Viento en los Cuernos

Viento en los Cuernos. © David García Pérez 2013.

En el artículo anterior ya había comentado que estábamos acampados en el Camping Pehoé que está al lado del lago que le da nombre y con los inconfundibles Cuernos del Paine como fondo en el paisaje, nuestro objetivo a fotografiar en esta etapa del viaje. Queríamos una fotografía de los Cuernos, ya fuese de amanecer (probablemente la opción más interesante) o de anochecer, con los Cuernos iluminados por el sol, con esa tonalidad naranja que pillan a esas horas.

Rio Paine y los Cuernos

Rio Paine y los Cuernos. © David García Pérez 2013.

Nuestro primer intento de fotografiar los Cuernos fue la primer atardecer que llegamos al camping. Exploramos un poco la zona para ver las posibilidades que nos ofrecía el propio camping y un hotel cercano que se encontraba en una isla en medio del Pehoé. El camping parecía mucho más prometedor, así como las posibilidades fotográficas para la tarde, con un sol sin nubes casi todo el día y las montañas completamente descubiertas la cosa prometía.

Anochece en el Pehoé

Anochece en el Pehoé. © David García Pérez 2013.

Después de cenar nos preparamos en la pequeña “playa” de piedras al lado del camping esperando a una puesta de sol que nunca llegaría a producirse. La zona por donde se ponía el sol estaba completamente tapadas por una gruesa capa de nubes bajas. Los cuernos con una luz plana y nubes en movimiento era lo máximo a lo que podíamos aspirar.

El día siguiente decidimos explorar la zona de Salto Grande, la cascada con la que termina el río Paine en el lago Pehoé. El viento era imposible. Antes de llegar a una cascada, protegidos por una loma, decidimos tomar unas cuantas fotos de un campo con los Cuernos de fondo. No es que la luz estuviese en su momento ideal, pero el viento, para variar, ayuda con la composición. Una vez llegabas al lado de la cascada, el viento golpea con tanta fuerza que poca gente se quedaba mucho rato a observarla. Pocos minutos estuvimos ahí y nos movimos río arriba, donde había otra zona de cascadas más pequeñas y otra bonita loma que nos protegía del viento. Nuestro objetivo principal era llegar hasta un mirador de los Cuernos que estaba más adelante, el viento nos hizo cambiar de idea.

Amanece en el Pehoé

Amanece en el Pehoé. © David García Pérez 2013.

Después de cenar tocaba el momento de decidir a donde ir hacer la foto. Después de debatir durante un buen rato, la elección fue ir a ver las vistas que había desde una loma cerca del Hotel Explora Patagonia. Ofrecía una completa visión del Pehoé con los Cuernos de fondo. Aunque también teníamos el problema que estábamos más alto y nada protegidos. La única forma de hacer fotos era sentarse pegados al suelo con el trípode también lo más bajo posible y componer así, la fuerza del viento era notablemente menor. Pero la suerte seguía sin acompañar. El sol estaba completamente tapado por nubes bajas, nubes que de vez en cuando nos soltaban alguna gota de lluvia para hacer las cosas más interesantes.

Ejercicios de composición en los Cuernos

Ejercicios de composición con los Cuernos. © David García Pérez 2013.

La ventaja de aquella localización es que estaba justo al lado del camping. A la mañana siguiente decidimos intentar hacer el amanecer desde ahí. Lo que implicó que ese día, para variar, dormimos más de 5 horas seguidas, algo no muy normal en este viaje. El viento nos daba algo de tregua con respecto a la noche anterior. No nos confundamos, soplaba que daba gusto, simplemente menos que antes. De esta vez tuvimos probablemente el mejor amanecer que íbamos a conseguir en los Cuernos, el único problema, es que estos estaban tapados por una serie de nubes. Como veis en una de las fotos que acompañan a este artículo, la nube que está al lado de los Cuernos tomó un bonito color rojizo… los Cuernos, no.

Rio de árboles muertoe

Rio de árboles muertos. © David García Pérez 2013.

La desesperación se empezaba a notar. Nos quedaban dos atardeceres y dos amaneceres, y el tiempo en vez de mejorar parecía ir a peor. Después de dar vueltas por ahí preguntando sobre donde ver pumas (nunca llegamos a ver uno), explorar más la zona y viendo que el anochecer no nos iba a dar nada de color, decidimos acercarnos a una zona donde quedaban gran cantidad de troncos quemados, resultado del desastroso incendio que quemó gran superficie del Parque Natural en 2012. Las posibilidades compositivas era increíbles, estuvimos bastante tiempo en la zona, hasta bien entrada la noche. Después de tanta frustración, creo que fue el momento que mejor lo pasé, fotográficamente hablando, en el viaje. Como comentaba al principio de este artículo, me había olvidado de la foto que había venido buscando, había abierto mi mente a nuevas posibilidades.

La luna y los Cuernos del Paine

La luna y los cuernos. © David García Pérez 2013.

Tan bien nos lo pasamos ese atardecer, que a la mañana siguiente decidimos volver a intentar pillar el amanecer ahí. Si no hay color, como esperábamos, al menos nos volveremos entretener entre los troncos quemados. Fue una visita breve, que teníamos que estar temprano en el Lago Grey para nuestra visita a su glaciar, pero eso ya es otra historia que contar.

Nos quedaba solamente dos posibilidades más, un atardecer y un amanecer, justo antes de empaquetar todo y tomar nuestro camino hacia Argentina. El atardecer fue de lo más soso, y la verdad es que ni me he molestado en editar ninguna de las fotografías que hice ese tarde. El amanecer ni existió, una densa lluvia caía a la hora que tenía que salir el sol, así que para variar, en vez de levantarnos antes de las 5 de la mañana como hacíamos todos los días, nos volvimos a meter en los sacos y dormimos hasta la 8. La foto que buscábamos tendrá que ser hecha cuando regresemos ahí, que para eso no nos hartamos de beber cerveza de calafate. Pero el porqué ya os lo comento cuando os hable del Lago Grey.

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