En una entrada un poco atípica a las habituales en mi blog voy a contar la historia detrás de una fotografía, la que el joven Yousuf Karsh hizo a Wiston Churchill en su visita a Canada en plena segunda guerra mundial. Fotografía que lanzaría a Karsh a la fama internacional y que marcó el espíritu de una nación en sus años más oscuros. La nación del discurso de que jamás nos rendiremos.

Autoretrato de Yousuf Karsh

Yousuf Karsh – autoretrato. © Yousuf Karsh.

Antes de hablar de la fotografía pongamos un poco las cosas en contexto. Estamos en el año 1941, la Alemania nazi controla toda Europa continental. Acaban de poner una marioneta a cargo del gobierno de Francia, la costa europea mirando a las islas británicas están llenas de soldados hostiles, y el año antes los británicos por los pelos consiguieron salvar al grueso de sus tropas en territorio continental de vuelta a territorio amigo.

A pesar de que colonias y ex-colonias británicas se habían unido y declarado la guerra a la Alemania nazi (Estados Unidos todavía no había entrado en la segunda guerra mundial, sería el año que viene cuando Japón atacó Pearl Harbour), el Reino Unido estaba sola frente a los continuos ataques de la aviación y flota naval alemana. Había comenzado lo que se conocía como la Batalla de Gran Bretaña, y todo apuntaba a que pronto se convertirían en otra de las nuevas conquistas de los nazis.

Durante ese año 1941 (entre otros de la guerra), muchos soldados canadienses viajaron a Gran Bretaña para ayudar con la defensa del país. A parte, Canada prestaba ayuda económica y de recursos a unas islas aisladas al otro lado del atlántico. Durante ese año Wiston Churchill viajó a Canada para comentar la situación en persona con el primer ministro canadiense, Mackenzie King.

Wiston Churchill por Yousuf Karsh

El famoso retrato de Wiston Churchill por Yousuf Karsh. © Yousuf Karsh.

Durante esa época, un joven armenio que había emigrado con sus padres de niño a Canada comenzaba su carrera fotográfica profesional en la capital canadiense: Ottawa. Tenía en mente el objetivo de retratar a las personas más influyentes de su época y pensó que vivir en la capital le podría dar esa oportunidad.

Empezó a trabajar en un teatro fotografiando a los diversos actores y aprendiendo de iluminación artificial (no tan fácil de aprender en aquella época como ahora). Su estadía en el teatro le llevó a conocer a diversa gente y por casualidades de la vida, a Mackenzie King, de quién se hizo amigo y le ofreció la posibilidad de trabajar para el gobierno canadiense fotografiando las visitas de diversos mandatarios extranjeros en la capital.

Yousuf Karsh se estrenaría en dicha posición fotografiando la primera visita de Roosevelt a Canada (y la primera vez que un presidente de Estados Unidos visitaba dicho país… menos mal que eran vecinos…). Cuando Churchill visitó Ottawa, Karsh fue llamado para hacerle la fotografía.

En su libro, Faces of Our Time, Karsh recuenta la historia de dicha fotografía. Karsh había preparado su equipo en una sala junto al parlamento candiense, donde Churchill estaba dando un discurso. Karsh había medido la luz empleando a una persona de dimensiones parecidas a las de Churchill, todo estaba listo.

Cuando Churchill fue llevado a la sala, este no estaba de humor para la foto (en algunas referencias mencionan que nadie había avisado a Churchill de la sesión fotográfica y se lo había tomado a mal), en las propias palabras de Karsh:

No estaba de humor para un retrato y dos minutos para ello era todo lo que estaba dispuesto a darme mientras pasaba del parlamento a otra sala. Dos míseros minutos en los cuales yo debía intentar poner en película a un hombre del que se habían escrito o inspirado una biblioteca de libros, desconcertado a sus guionistas, llenado el mundo con su fama, y a mí, en esta ocasión, de pavor.

Churchill que no estaba de humor en ese momento para la fotografía, habiendo permitido a Karsh solamente hacerle una, empezó a fumar uno de esos cigarros tan característicos de él. El cigarro no entraba en la imagen que quería hacer Karsh de dicho líder. En palabras de Karsh, esto es lo que pasó a continuación:

El cigarro de Churchill estaba continuamente presente. Saqué un cenicero, pero no se deshizo del cigarro. Regresé a mi cámara y comprobé que todo estaba bien técnicamente. Y esperé; continuó a fumar vigorosamente su cigarro. Y esperé. Entonces caminé hacia él, y sin premeditación, pero respetuosamente, dije, “perdóneme, señor,” y le arranqué el cigarrillo de la boca. Para cuando estaba de vuelta a mi cámara, me miraba tan fijamente que me podría haber devorado. Fue en ese instante cuando le hice la foto.

Esa fotografía se convertiría en una de las más famosos retratos, y en ese momento, usada por diversas revistas de la época, retrató el espíritu de la Gran Bretaña que no se iba a rendir ante lo que parecía una causa perdida.

La historia cuenta que Churchill se acercó a Karsh sonriendo y mientras le daba la mano le comentaba: “Podrías hacer que un león rugiente se quedase quieto para ser fotografiado, me puedes hacer otra fotografía”. Y la segunda fotografía que Karsh le haría muestra a un Churchill sonriente ante la cámara.

Segundo retrato de Churchill por Yousuf Karsh

El retrato más amigable de Wiston Churchill por Yousuf Karsh. © Yousuf Karsh.

Fuentes: Petapixel: In His Iconic Portrait, Winston Churchill is Scowling Over a Lost Cigar; Boston Public Library; Iconic Photos: Winston Churchill by Yousef Karsh; y Smithsonian: The Day Wiston Churchill Lost his Cigar.

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