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  • David García Pérez
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La interfaz de Lightroom

Desde luego creo que no calculé correctamente el esfuerzo que me llevaría hacer todos los artículos para explicar las funcionalidades del modulo de la Biblioteca de Adobe Lightroom. Cada vez que intento organizarme para empezar un nuevo artículo, me doy cuenta que antes debería explicar otras cosas. Mi idea era empezar a explicar primero las opciones que nos encontramos en la barra izquierda del menú, pero me di cuenta que tal vez es mejor pararnos un poco en el interface y hablar de él. Puede que esto resulte muy básico para algunos de vosotros, así que sentíos libres de no aguantar mi rollo, que no es la primera vez que me comentan que me enrollo demasiado para explicar las cosas más sencillas.

Anochece en Roca del Paller

Anoche en la Roca del Paller [Canon 5D Mark II con Canon EF 17-40 F4L. Toma sacada a IS0100, f11 y 0,5 seg. Trípode
y disparador remoto utilizado]. © David García Pérez 2014.

Una de las ventajas del interfaz de Lightroom es que es prácticamente idéntico en su versión para Windows y Mac, con algunas salvedades como los menús o algunas de las ventanas de diálogo. Aquí tenéis la pantalla principal de Lightroom para Mac (en Windows lo único que varía es la colocación de la barra de menú).

Paneles de Adobe Lightroom

Me he molestado en colorear cada una de las partes significativas de la misma. Vayamos por parte con cada una de ellas.

En amarillo tenemos la barra de menú. En Windows dicha barra estaría debajo de la barra de título de la ventana y no tendríamos en menú “Lightroom”, por lo demás, exceptuando la posición de algunas de las opciones del menú (por ejemplo las preferencias del programa se encuentran en Mac en el menú Lightroom mientras que en Windows en están en el menú editar, esto lo hace Adobe para cumplir con las directrices de diseño marcadas por Microsoft y Apple para esos sistemas operativos) todo es idéntico.

Lightroom se compone de 7 módulos: Biblioteca, Revelar, Mapa, Libro, Proyección, Imprimir y Web. La interfaz de usuario de cada una de estos módulos está siempre compuesta de 5 paneles, un panel superior y otro inferior, y en el medio 3 columnas, una a izquierda y otra a la derecha de la pantalla con menús, controles, opciones, etc. Y una central, más grande que las otras dos, que nos muestra cosas sobre las que podemos hacer acciones: imágenes, mapas, libros, diseño de impresión, etc.

Un detalle importante a tener en cuenta aquí, es que tanto el panel superior (de color rojo en la imagen), como el panel inferior (de color azul), no cambian independientemente del módulo en el que nos encontremos en Lightroom. Su funcionalidad es constante a lo largo del programa. El panel superior nos permitirá cambiar entre módulo de Lightroom y nos dejará ver si este está haciendo alguna acción en segundo plano (tengo planeado escribir artículos más detallados de cada uno de estos paneles). El panel inferior nos mostrará el conjunto de fotografías para la colección/carpeta que tengamos seleccionada en este momento en el módulo de biblioteca, pudiendo aplicar filtros independientes a la misma (también tendrá su artículo independiente).

La gente de Adobe ha basado el diseño de Lightroom para ser usado de izquierda a derecha y de arriba abajo. Esto es importante para los tres paneles centrales, donde se supone que primero haremos algo en el panel de la izquierda, después nos moveremos al central y por último a la derecha. Esto es una consideración de diseño, no es obligatorio que lo hagamos así. Por ejemplo, en la captura de pantalla que muestro antes, en el módulo de biblioteca, primero escogeríamos una carpeta o colección en el panel de la izquierda; Segundo seleccionaríamos una o varias imágenes en el panel del centro; Tercero podríamos por ejemplo a través del panel de la derecha añadir palabras clave, descripciones, etc. Y así sucesivamente. Si os fijáis en vuestra interacción con los diferentes módulos de Lightroom veréis que muchos de ellos siguen este flujo de trabajo.

Por último es necesario indicar que tanto los paneles superiores como los laterales se pueden ocultar en cualquier momento. El único que no es posible ocultar es el panel central. Podemos configurar Lightroom para que oculte estos paneles de forma automática si movemos el ratón lejos de los mismos, un comportamiento que no me suele gustar mucho y que desactivo.

También puede resultar interesante saber distintos atajos de teclado que nos mostrarán o ocultarán los paneles:

Tabulador – Ocultará o mostrará los paneles laterales.

Mayúsculas + Tabulador – Ocultará o mostrará todos los paneles (el central siempre será visible).

F5 – Ocultará o mostrará el panel superior.

F6 – Ocultará o mostrará el panel inferior.

F7 – Ocultará o mostrará el panel izquierdo.

F8 – Ocultará o mostrará el panel derecho.

Por último, si volvemos a la captura de pantalla de Lightroom, veréis que tengo marcada en un color rojo una zona debajo del panel central. Esto es lo que se conoce como barra de herramientas de Lightroom y será diferente dependiendo del módulo en el que nos encontremos. Para mostrarla o ocultarla, simplemente pulsar la tecla T.

Próximos artículos hablarán más en detalle de cada uno de los paneles cuando estamos en el módulo de biblioteca.

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Siempre digo lo mismo, si hay dos filtros sin los cuales no podría vivir esos son los polarizadores y los de densidad neutra. Aunque el efecto de un filtro polarizador para cielos se puede replicar en cierta medida después en Ligthroom o aplication similar. El efecto que podemos hacer sobre el auga o sobre superficies mojadas, es difícilmente reproducible a posterior en Lightroom o Photoshop, por no decir imposible. En el siguiente vídeo tenéis una pequeña introducción a filtros polarizadores y ejemplos de uso.

Espero que lo disfrutéis.

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En mi articulo anterior sobre como es la estructura de ficheros en una biblioteca de Lightroom comenté que todos los ajustes de revelado que hacemos a nuestras imágenes, así como los metadatos que añadimos a la misma (etiquetas, descripción, título, información de copyright… ) se guardan en la propia biblioteca. Si simplemente cogemos el fichero RAW de donde esté en nuestros discos duros, dicha información no estará en el fichero. Hay varias formas de conseguir extraer de forma sencilla dicha información de la base de datos. Veamos cada una de ellas.

Nieve Otoñal en Urbasa

Nieve Otoñal en Urbasa [Canon 5D Mark II con Canon EF 17-40 F4L. Toma sacada a IS0100, f13 y 4 seg. Trípode
y disparador remoto utilizado]. © David García Pérez 2013.

Seleccionando y guardando fichero los metadatos de nuestras imágenes:

La primera opción es la más sencilla de todas. Seleccionamos en la galería las imágenes de las que queramos grabar los metadatos a fichero y pulsamos la siguiente combinación de teclas: Ctrl+S en PC ó Commando+S en Mac (también podemos acceder a eso a través del menú: Metadatos -> Guardar metadatos en archivo).

El resultado final será un fichero xmp (salvo si los RAWs son DNGs, leer más adelante) al lado de nuestro fichero RAW original. Tal y como muestra la siguiente figura:

Seleccionando todas las imágenes en el catálogo de Lightroom

Si queremos hacer esto para todas nuestras fotos, la forma más fácil de hacer esto es en el módulo de biblioteca seleccionar el catálogo que contiene todas las imágenes como se muestra a continuación:

Seleccionando todas las imágenes

Y a partir de ahí, seleccionar todas las imágenes: Ctrl+A en PC ó Comando+A en Mac y hacer lo que hicimos antes, guardar los metadatos. Os advierto que si la colección es grande esto llevará mucho tiempo.

La ventaja es que sí ahora vuestro catálogo se estropea, siempre tendréis una copia de los ajustes en el fichero XMP que se ha creado (si abrís el fichero en un editor de texto veréis que es simplemente un montón de texto en formato XML con todo lo que le hicimos a la imagen en Lightroom).

La excepción de los DNGs

Hay un pequeño inconveniente si el formato de los ficheros RAW de nuestra cámara es DNG o hemos convertido nuestra imágenes a este formato en el momento de importarlas (Como ya comenté anteriormente, no vamos a perder calidad por convertir nuestros RAWs originales a este formato).

Cuando guardemos los metadatos a fichero usando el método anterior, para los ficheros DNG no se creará el fichero XMP que los acompaña. DNG es un formato de fichero creado por Adobe y dicho formato ya contempla que se puedan guardar dentro de él los metadatos y ajustes de revelados que hacemos sobre el RAW en una aplicación como Lightroom. La principal ventaja de esto es que así no corremos el riesgo de algún momento perder el fichero XMP mientras movemos las imágenes de un lado a otro.

La principal desventaja es que cada vez que grabemos los cambios, un sistema de backup como Time Machine de Apple o Backblaze volverán hacer un backup del fichero RAW entero, a pesar que la modificación de los metadatos no es ni un 1% del mismo. Time Machine es desde luego el que más sufre, este sistema guarda un histórico de modificaciones que se hace un fichero, cada vez que lo actualicemos, volverá a guardar una nueva copia del RAW, con lo cual nuestro disco de backup corre el riesgo de llenarse rápidamente.

Automatizando el guardar a fichero los metedatos de nuestras imágenes

Si lo comentado anteriormente queremos que siempre se haga cuando cambiemos ajustes de una imagen, la mejor opción en vez de acordarnos de guardar los metadatos cada vez que modificamos algo es automatizar la generación y actualización de dicho fichero XMP por parte de Lightroom.

Para ello, vamos hasta los ajustes de catálogo (en PC ir al menú: Editar -> Ajustes de Catálogo, en Mac ir al menú: Lightroom -> Ajustes de Catálogo). Ahí se nos presentará una ventana como esta.

title

Si seleccionamos en la subventana “Metadatos”, simplemente tenemos que marcar la opción “Escribir cambios automáticamente en XMP”. Cada vez que modifiquemos los ajustes de revelado en Lightroom o añadamos metadatos a la imagen, Lightroom automáticamente actualizará el fichero XMP asociado con dicha imagen.

Exportando a RAW en Lightroom:

Aunque los casos anteriores pueden ser útiles para alguna gente, realmente lo interesante es el siguiente. Imaginaos que queremos mandar a alguien el fichero RAW original, pero queremos que al abrirlo (si también tiene una versión igual o superior a Lightroom o Photoshop CC) vea los ajustes de revelado que nosotros hemos hecho. Una opción es guardar los metadatos como dije antes y buscar en el fichero y el XMP acompañante en los miles y miles de imágenes que tenemos. Poco práctico.

Más fácil es seleccionar la imagen e exportarla. En el menú de exportación de Lightroom, en la sección de “Ajustes de archivo”, seleccionamos simplemente original. Tal como mostramos aquí:

title

A donde le hayamos dicho a Lightroom que exporte la imagen, también exportará ahí el fichero XMP (a no ser que sea una DNG donde, como dije antes, los ajustes de revelado ya van dentro del fichero).

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Categorías: Técnica

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Estoy seguro que a más de uno de vosotros os ha pasado. Estáis por algún lugar perdido del mundo haciendo fotos. Llega otro fotógrafo/a. Empezáis a hablar… ¡Qué bonito paisaje! ¡Si qué hay que levantarse temprano! Ohh… ¿usas una cámara X? Y ahí ha empezado. A partir de ese momento se nos olvida el paisaje, se nos olvida el motivo que estábamos fotografiando, y podemos entrar en una discusión sobre si la marca X mola mucho más que la marca Y o si la óptica Z es más nítida que la V, durante horas, ignorando completamente la belleza de lo que tenemos a nuestro alrededor. Muchas veces me pregunto si cuando dos pintores se encuentran, hablan todo el rato sobre pinceles.

Amanece en Val d'Arán

Amanece en Val d’Arán [Canon 5D Mark II con Canon 70–200f4L IS. Toma sacada a IS0100, f11 y 5 seg. Trípode y disparador remoto utilizado]. © David García Pérez 2014.

Algo parecido a lo anterior le pasó a nuestro autor, CJ Chilvers. Caminando con un amigo por un hermoso paisaje natural, se encontraron con otros fotógrafos y empezaron a discutir sobre cámaras. Durante dicha conversación, Chilvers decidió que la situación era ridícula. Dejó de hablar de cámaras y se puso hablar de fotos, que en teoría era lo importante. La cámara era una simple herramienta para conseguir lo que buscamos, expresar algo a través de una fotografía.

A partir de esa reflexión decidió cambiar su aproximación a la fotografía. En vez de fotografiar con el mejor equipo posible, lo vendería y compraría lo que muchos fotógrafos ni consideran como equipo mínimo para molestarse hacer una foto. Esto le permitía varias cosas, por un lado centrarse en lo que realmente le importaba, las fotos, y por otro lado escapar de las miradas de otros fotógrafos, más preocupados por el equipo que por la foto. Esto le evitaba entrar en conversaciones como la narrada anteriormente. Después de todo, ¿por qué iban a molestarse en hablar con él? ¡Teniendo esa cámara seguro que no era un buen fotógrafo! De ahí el título de su libro: A Lesser Photographer.

Pero antes del libro decidió narrar un poco su experiencia a través del blog A Lesser Photographer. El libro en sí no es más que una recopilación de varios de sus artículos en dicho blog sobre su experiencia y liberación al escapar de la trampa en que nos meten los fabricantes de fotografía, haciéndonos creer que si no tenemos lo último de lo último no seremos capaces de hacer buenas fotos (sí, puede sonar un poco irónico que lo diga yo… pero como creo, una nueva tecnología te va a abrir nuevas posibilidades fotográficas, pero desde luego, no va a conseguir que mejores como fotógrafo).

Una interesante lectura, donde todo lo que te han contado hasta el momento, incitándote a que cada vez seas más profesional, reflejándose esto a través de tu equipo a la última y el más caro de todos, no te tiene por que llevar a convertir en un profesional, o peor aún, a disfrutar más de la fotografía. Y ya no hablemos de mejorar como fotógrafo/a.

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Cita

Intento no decirle a mis estudiantes donde fotografiar, cuando fotografiar, o qué fotografiar. Creo que encontrar una imagen es lo más importante de ser un fotógrafo. Hacer la foto es realmente lo menos importante.

Jay Maisel en su libro Light, Gesture & Color.

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Categorías: Citas

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Antes de empezar con este artículo quiero dejar claro que esto no es un análisis de la cámara. Ni por asombro podría ser esto una análisis. Si lo que andáis buscando es una página que os muestre todas las posibles fotos a diferentes ISOs, aperturas… y os comenté hasta la más mínima opción del menú, habéis llegado a mal sitio, no lo hago, ya hay páginas de sobra por ahí que hacen esas cosas. Estas son mis primeras impresiones con la cámara, y son unas escasas primeras impresiones, dado que solamente he podido disfrutar de la cámara durante un fin de semana. Hace ya más de una semana que la cámara fue devuelta a sus dueños y yo, triste, sin juguete.

Graffiti en la puerta

Graffiti en la puerta [Olympus OM-D EM–1 con Olympus 12–40 f2,8 a f6,5, 1/60s de tiempo de exposición y ISO 1250]. © David García Pérez 2015.

Y realmente mucho de lo que voy a contar aquí creo que se podría aplicar si cogiese otra cámara actual mirrorless… yo todavía sigo usando para mis fotos la veterana Canon 5D Mark II, que si la memoria no me falla, salió al mercado a finales del 2008. La tecnología ha avanzado y nos facilita la vida a la hora de hacer fotos.

Rebaixes

Rebaixes [Olympus OM-D EM–1 con Olympus 12–40 f2,8 a f8, 1/80s de tiempo de exposición y ISO 500]. © David García Pérez 2015.

El viernes por la tarde cogí la cámara, usando esta promoción de Olympus Test & Wow, donde te dejan durante 3 días la cámara para que juegues con ella. Te la prestan con uno de los nuevos objetivos pata negra de Olympus, el 12–40 f2,8, y el grip HLD–7. Llego a casa para comprobar que todo está bien y jugar un poco con la cámara antes de irme a cenar con un amigo que andaba de visita por Barcelona, mi gozo en un pozo, la batería estaba pelada… resignado pongo la batería a cargar y la empiezo a estudiar físicamente.

Zapatos y colores

Zapatos y colores [Olympus OM-D EM–1 con Olympus 12–40 f2,8 a f8, 1/25s de tiempo de exposición y ISO 1600]. © David García Pérez 2015.

La construcción de la cámara me gustó desde el principio. A pesar de ser pequeña, la empuñadura se adapta de forma perfecta a mi mano y los botones se alcanzan fácilmente con los dedos. Lo mismo se puede decir de la lente, tanto la rosca de zoom como la de enfoque son una delicia de usar. Eso sí, después de volver de cenar, y con la batería ya cargada, media hora perdí hasta que me di cuanta que el anillo de enfoque de la lente es también un “botón”, moviéndolo hacia el borde exterior de la lente, esta se pone en autoenfoque, moviéndolo hacia el interior de la lente, esta se pone en enfoque manual (me prestaron la cámara sin manuales, y no se me ocurrió mirar eso en el manual de lente, solamente miré el manual de la cámara on-line). Mientras la probaba en ese momento, tenía una pequeña duda si el botón de bloqueo de la exposición estaba muy para a dentro para mi gusto, pero a decir la verdad, durante el uso de estos dos días no me molestó para nada. Si no he contado mal en los menús, la cámara te deja tener unos 7 u 8 botones configurables, con dos de ellos que pueden cambiar su función según la posición que tengamos una palanquita al lado del botón de bloqueo de la exposición u enfoque. Realmente con dos días no te da tiempo a decidirte por una configuración para el día al día de la cámara. Para ello necesitaría más tiempo.

Reino de Aragón

Reino de Aragón [Olympus OM-D EM–1 con Olympus 12–40 f2,8 a f5, 1/25s de tiempo de exposición y ISO 1600]. © David García Pérez 2015.

El sábado me dediqué a utilizarla como utilizo mi cámara de forma habitual, es decir, sobre un trípode y haciendo fotografía de paisaje. La mayor ventaja que le vi en ese escenario era el focus peaking.

El domingo llegaría la prueba de fuego, para la cámara y en parte para mí. Ya hace algún tiempo que me planteo, si tuviese un equipo más ligero tal vez podría llevarlo constantemente conmigo para hacer fotos, o tal vez sea que he empezado el libro de Jay Maisel y no paro de pensar en todas las oportunidades fotográficas que estoy perdiendo por no tener siempre una cámara conmigo. El domingo me levanté, pillé la batería recién cargada de la cámara, tarjeta de memoria con más que espacio de sobras dentro de ella, y para la calle. El plan era sencillamente pasear todo el día por Barcelona mientras probaba la cámara.

Reflejos

Reflejos [Olympus OM-D EM–1 con Olympus 12–40 f2,8 a f7,1, 1/80s de tiempo de exposición y ISO 200]. © David García Pérez 2015.

¡Oh dios mío! ¿Por qué siguen fabricando cámaras con visor óptico y espejo? El visor electrónico ha venido para quedarse, después de estos dos días estoy más que convencido de ello. En ningún momento observé en él nada de lo que siempre se dice de los visores electrónicos, que si retardo, que si refresco malo, etc… lo que observé es la herramienta más útil jamás hecha para los que hacen fotografía sin trípode.

El Born

El Born [Olympus OM-D EM–1 con Olympus 12–40 f2,8 a f7,1, 1/10s de tiempo de exposición y ISO 1600]. © David García Pérez 2015.

No sé tamaño, pero desde luego el visor me pareció igual de grande que la de mi 5D Mark II, pero con muchas más ventajas, toda la información estaba ahí disponible, cualquier cosa que podemos ver en el liveview la podemos ver en el visor electrónico. Para mí las dos más importantes eran los indicadores de nivel electrónicos (¿cómo puedo ahora seguir viviendo sin estos y devuelta al nivel de burbujitas?) y el histograma.

El Born Centre Cultural

El Born Centre Cultural [Olympus OM-D EM–1 con Olympus 12–40 f2,8 a f7,1, 1/500s de tiempo de exposición y ISO 200]. © David García Pérez 2015.

Bueno, el histograma cuando conseguí encontrar la opción de que lo que me mostrase tanto liveview como el visor electrónico fuese la exposición simulada, sino el histograma que muestra en vivo no vale para mucho, o yo al menos no entiendo para que vale. Me costó un pelín encontrarlo, más que nada por la diferencia de nomenclatura entre fabricantes (Canon lo llama “simulación de exposición” mientras que Olympus lo denomina “extender LiveView”). Pero una vez hecho, desde el visor electrónico y antes de pulsar el botón de disparo ya quedaba claro si la imagen iba a quedar quemada o no.

Ruinas en el Born Centre Cultural

Ruinas en el Born Centre Cultural [Olympus OM-D EM–1 con Olympus 12–40 f2,8 a f7,1, 1/80s de tiempo de exposición y ISO 200]. © David García Pérez 2015.

Y para ir cerrando el tema del visor electrónico, un buen rato tardé en darme cuenta de que una vez hecha la foto, si lo tienes así configurado, te la muestra durante un segundo (depende de configuración ahí). Si además, le activas mostrar el histograma, verás durante un segundo ahí si todos los ajustes han dado el resultado buscado, sin necesidad de separar la cámara de nuestra cara para ver en la pantalla el histograma de la imagen. Parece mentira de que manera mecánica está programada esta acción en mi cerebro, a pesar de saber que iba obtener esta información a través del visor, la mitad de las veces siempre separaba la cámara de mi cara para ver la imagen en la pantalla.

Metal en el Born Centre Cultural

Metal en el Born Centre Cultural [Olympus OM-D EM–1 con Olympus 12–40 f2,8 a f7,1, 1/400s de tiempo de exposición y ISO 200]. © David García Pérez 2015.

Y hablando de pantalla, esta es articulada (sí, ya advertí al principio que parecería un pelín anticuado en cuanto a características de cámaras digitales modernas, es decir, de hace unos 3 años en adelante). Resultó útil durante el paseo para hacer fotos a detalles sin tener yo que tomar con mi cuerpo posiciones complicadas. No me imagino con eso como cambiaría mi vida cuando hago macros.

Paseo invernal por la playa

Paseo invernal por la playa [Olympus OM-D EM–1 con Olympus 12–40 f2,8 a f7,1, 1/640s de tiempo de exposición y ISO 200]. © David García Pérez 2015.

250 fotos más tarde, y casi a punto de llegar al momento álgido de la puesta de sol, la batería dijo adiós. Se había terminado la carga y mi sesión de fotos. En estas cámaras sin espejo al tirar todo el rato de visor electrónico o liveview las baterías duran bastante menos, ahí los visores ópticos tienen ventaja, básicamente casi no consumen batería. De todas formas, personalmente hablando, la duración de la batería me pareció adecuada, más o menos lo que saco yo a mi veterana 5D Mark II que prácticamente uso casi todo el rato con LiveView.

Escalando en la playa

Escalando en la playa [Olympus OM-D EM–1 con Olympus 12–40 f2,8 a f7,1, 1/250s de tiempo de exposición y ISO 200]. © David García Pérez 2015.

Ya en casa tocó procesar poco a poco los ficheros RAW. Lightroom los abrió sin problemas y volví a experimentar lo que es tener un sensor que no es como 2 generaciones más antiguo que los actúales. Las sombras se abrían con una facilidad y sin perdida de calidad envidiable (el sensor concreto de la EM–1 lo fabrica Panasonic, supongo que solamente son los sensores Canon los que tienen problemas haciendo esto).

Navegando

Navegando [Olympus OM-D EM–1 con Olympus 12–40 f2,8 a f7,1, 1/250s de tiempo de exposición y ISO 200]. © David García Pérez 2015.

El renderizado del color fue otra característica de los ficheros que me gustó mucho. El sensor también es capaz de capturar bastante detalle, tal vez gracias a la magnífica lente. Aún me queda imprimir alguna de las imágenes para ver lo lejos que puedo llegar con un fichero de 16 megapíxeles, aunque no espero grandes problemas para imprimir con ellos hasta tamaño A2.

En la rampa

En la rampa [Olympus OM-D EM–1 con Olympus 12–40 f2,8 a f7,1, 1/250s de tiempo de exposición y ISO 200]. © David García Pérez 2015.

Por cierto, todas las fotos que véis aquí han sido sacadas en prioridad de apertura. Yo escogía la apertura y compensaba la exposición según viese si algo se quemaba o no a través del visor electrónico. El ISO lo ajustaba la cámara automáticamente entre 200 y 1600 para conseguir la foto. Cómo véis, en la foto de las calles de El Born, con el sistema de estabilización de imagen, la cámara hasta se permite dejarme disparar a 1/10 sin inmutarse, estando toda la foto nítida vista al 100% (menos la gente andando, que sale movida, pero ese ya era un efecto buscado).

Torres Maphre

Torres Maphre [Olympus OM-D EM–1 con Olympus 12–40 f2,8 a f7,1, 1/640s de tiempo de exposición y ISO 200]. © David García Pérez 2015.

Y hasta aquí llegan mis impresiones, como veis he tocado pocos temas, pero en dos días poco tiempo me da para familiarizarme con una cámara. A parte, con lo rarito que soy yo haciendo fotos, con todo en manual sobre trípode en el 95% de las ocasiones, no soy la persona ideal para indicar si el autoenfoque va rápido o no (me pareció rápido, pero no hago fotografía de acción, donde los fotógrafos/as que la hagan notarán más esto que yo… a lo mejor para ellos es lento). ¿Me la compraría? Para el tipo de fotografía de paisaje que yo hago no es lo más ideal, buscaría algo con más resolución (y sí, imprimo de vez en cuando más grande que A2, 16 megapixeles se quedan corto para eso). Sigo interesado en un equipo de fotografía ligero para llevar conmigo para cuando no voy hacer fotografía de paisaje de forma específica, y esta cámara se muestro ideal para eso. ¿El problema? No soy rico, y mantener dos sistemas de lentes no es algo que me pueda permitir a corto plazo. ¿El otro problema? Ahora que lo he probado, la idea irá creciendo ahí en mi cerebro, tal vez no fuese buena idea por mi parte. Y ya no hablemos cada vez que leo algo sobre la OM-D E-M5 Mark II… me está resultando una cámara demasiado atractiva…

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En mi anterior artículo sobre flujo de trabajo en Lightroom hable de importación de fotos a nuestra biblioteca. Pero el término de importación puede ser un pelín engañoso, dado que Lightroom no importa nada a su biblioteca, sencillamente añade referencias a donde se encontrarán definitivamente las imágenes en nuestro ordenador.

Amanece en Santa Fe de Montseny

Amanece en Santa Fé de Montseny [Canon 5D Mark II con Canon EF 50mm f/1.8 II. Toma sacada a IS0100, f13 y 0,3 seg. Trípode
y disparador remoto utilizado]. © David García Pérez 2015.

Lightroom en una biblioteca a parte de guardar la referencia a donde se encuentra la imagen en nuestros discos duros, guarda también los ajustes de revelado de la imagen, etiquetas que le añadimos, descripciones, información de copyright, presets y plantilla que creemos, configuraciones de impresión, previsualizaciones de las imágenes, etc. Vamos, todo aquello que no sea el fichero RAW original que importamos.

Y todo esto va a estar guardado en 3 ficheros (desde Lightroom 5, última versión al momento de escribir este texto, para versiones anteriores eran 2 ficheros solamente). Estos ficheros estarán donde creásemos el catálogo por primera vez y tienen la siguiente estructura: Nombre-de-la-biblioteca.lrcat , Nombre-de-la-biblioteca Previews.lrdata y Nombre-de-la-biblioteca Smart Previews.lrdata (si tenéis abierto ahora mismo Lightroom, veréis que también aparecen los dos ficheros temporales Nombre-de-la-biblioteca.lrcat.lock y Nombre-de-la-biblioteca.lrcat-journal, son cosas del funcionamiento interno de Lightroom).

Ficheros de la biblioteca de Lightroom

Los tres tipos de ficheros diferentes que conforman una biblioteca de Lightroom.

Vayamos por el primero y el más fácil de explicar: Nombre-de-la-biblioteca.lrcat, esta es vuestra biblioteca principal, si borráis este fichero tenéis problemas, dado que podéis perder los ajustes de revelado para todas vuestras fotos, sus etiquetas, etc. Todo lo que os había indicado al principio de esta entrada (hay una excepción a esta regla, pero lo dejamos para otro artículo). Tanto es así que Lightroom ofrece la opción de hacer backups automáticos de dicho fichero cada vez que cerramos el programa (o cada X días…). Dichas opciones de backup las podemos configurar en el menú de “Ajustes de catálogo” (en Mac OS X: Lightroom > Ajustes de catálogo , en Windows: Editar > Ajustes de catálogo).

Opciones para el backup de la biblioteca en Lightroom

Ajustes de backups para la biblioteca de Lightroom.

La opciones son casi autoexplicativas, podemos escoger hacer la copia de seguridad cada vez que cerremos Lightroom, una vez al día, a la semana, al mes o nunca. Personalmente lo tengo configurado para una vez por semana, pero esto ya depende de lo paranoico que sea uno (yo lo soy bastante, Time Machine hace copia automática de esto cada hora, así que aunque Lightroom no haga la suya, estoy cubierto por otro sistema de backup general).

Cuando cerremos Lightroom y se den las condiciones para que se realice una copia de seguridad que configuramos anteriormente, nos aparecerá el siguiente cuadro de diálogo:

Administración de archivos en Adobe Lightroom

Cuadro de diálogo cuando cerramos Lightroom y toca hacer copia de seguridad.

Como veis se nos ofrecen diferentes opciones. Primero podemos seleccionar donde realizar el backup, lo idea sería un disco duro distinto a donde está el propio catálogo, así si falla uno de los dos, siempre tendremos la copia de seguridad o el original. Que compruebe que la integridad de la copia realizada parece lo más apropiado, así sabremos que no habrá ningún error en el proceso de copia. La opción de “optimizar el catálogo después de la copia de seguridad” es bastante interesante. Un catálogo de Lightroom no deja de ser más que una base de datos (lo cual lo convierte en muy potente a Lightroom, como veremos en futuros artículos). Esta base de datos a lo largo del uso de Lightroom se llena de datos innecesarios que cada poco viene bien dejar a Lightroom que limpie para quitar la porquería del medio. Por último se nos da las opciones de omitir el proceso de backup hasta la próxima vez o darle al botón que iniciará el proceso de backup. En mi caso tarda menos de dos minutos, que básicamente es lo que le lleva copiar los 500 MB que forman mi catálogo de Lightroom.

Indicar que según vaya creciendo nuestro número de copias de seguridad, podremos ir borrando las más antiguas para ahorrar espacio en nuestro disco duro. Esto es un proceso manual que tenemos que hacer nosotros, Lightroom no lo hace de forma automática.

El siguiente fichero que tenemos es el de Previews: Nombre-de-la-biblioteca Previews.lrdata, dónde se guardan representaciones jpeg de nuestras imágenes. Estas representaciones son usadas por Lightroom para cuando andamos por la biblioteca y otros módulos distintos al de revelar. De esta forma, al tener estos jpeg creados a partir de nuestros RAW, Lightroom no tiene que procesar los RAW de las imágenes que tenemos en pantalla, haciendo que el interfaz funcione de forma más fluida.

Opciones para las previsualizaciones de archivos en Lightroom

Opciones para la administración de las previsualizaciones en Lightroom.

Una consideración a tener en cuenta es el tamaño de estas previsualizaciones en jpeg. Esto de nuevo lo podemos configurar en los ajustes de nuestro catálogo, en la subventana de “Administración de Archivos”. Ahí podemos seleccionar el tamaño de previsualización estandar. Cuanto más grande más ocupará nuestro fichero de previsualizaciones. La regla aquí para configurar este tamaño es coger el monitor de mayor resolución que usemos con Lightroom, medir la resolución que tiene de ancho, en mi caso es 1920, y seleccionar un tamaño en píxeles superior a esa resolución, en mi caso 2048, así cuando mostremos las imágenes a pantalla completa, Lightroom tampoco tendrá que recurrir al fichero RAW.

Por último tenemos las previsualizaciones 1:1. Básicamente aquí Lightroom, a parte de guardar el JPEG anterior a tamaño 2048, también creará un fichero JPEG de exactamente la misma resolución del RAW original. De esta forma, si vamos analizando en la biblioteca las imágenes que están en foco (por poner un ejemplo), cuando hagamos zoom 1:1, esto será inmediato, dado que Lightroom recurrirá a este JPEG, sin tener que calcular, de nuevo, dicha representación a partir del fichero RAW. Como esto puede llegar a ocupar mucho a la larga, Lightroom nos deja descartar de forma automática estas previsualizaciones una vez se pasasen X días desde la última vez que jugásemos con la imagen. Yo lo suelo poner a nunca.

Por último nos quedan las Smart Previews. Con las previsualizaciones anteriores en jpeg, podíamos usar casi todos los módulos de Lightroom, como web, biblioteca, mapa, etc. Lo qué no podíamos hacer era usar el módulo de Revelar. No teníamos el RAW original, así que Lightroom no te dejaba hacer ajustes sobre la imagen. Para solventar este problema, con la introducción de Lightroom 5, Adobe creó las Smart Previews.

Las Smart Previews son un fichero RAW comprimido en formato DNG con 2560 píxeles en su lado más largo creados a partir de nuestros ficheros RAW originales. Estos ficheros, que ocupan entre 1 a 1.5 MB cada uno, nos permiten hacer ajustes de revelado cuando no tenemos el fichero original a mano (por ejemplo, estamos de viaje con el portátil y dejamos en casa el disco grande donde almacenamos las imágenes, pero tenemos nuestro catálogo de Lightroom con nosotros). Una vez el fichero RAW original esté disponible, Lightroom lo usará de forma automática y transparente para el usuario. Supongo que los ajustes de detalle de la imagen es mejor hacerlos cuando uno tenga el original delante.

Así como en el caso de las previsualizaciones anteriores Lightroom las creaba de forma automática. En este caso tenemos que ser nosotros los que le indiquemos a Lightroom que queremos crearlas. Para ello seleccionamos las imágenes de las que queremos tener previsualizaciones inteligentes, y vamos al menú de Biblioteca > Previsualizaciones > Crear Previsualizacione Inteligentes (ahí también se pueden crear la previsualizaciones 1:1). En caso de que ya existan estas previsualizaciones, Lightroom nos lo indicará:

Aviso de que SmartPreviews ya estaban creadas previamente

Mensaje indicando que las previsualizaciones inteligentes ya existían.

También, a partir del mismo menú, podemos borrar dichas previsualizaciones, en caso de que queramos liberar algo más de espacio en nuestro disco duro.

Y por si no quedó claro en todo el texto, en estos tres ficheros NO están nuestras imágenes originales. Estas estarán copiada/movidas en las carpetas que le indicamos a Lightroom durante el proceso de importación.

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Aprovechando que este fin de semana pasado pude disfrutar de una Olympus OM-D EM-1 prestada, decidí que era momento de revisar un poco el primer vídeo de fotografía que grabé para este blog: Enfocando Manualmente con LiveView. Han pasado unos cuantos años desde aqulla.

En esta ocosaión me focalizo en una utilidad nueva que traen ultimamente algunos modelos de camaras: focus peaking. Con esto, la cámara nos indicará que zonas de la imagen están enfocadas a traves de un color falso, de esta forma fácilmente podemos comprobar que toda la escena está enfocada.

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Clyde Butcher en TEDx

Clyde Butcher es sin duda una de mis fotógrafos en blanco y negro favoritos. Sus imágenes características del paisaje menos conocido de Florida son magníficas, y más aún si ves el equipo con que las toma, unas cámaras hechas a medida de largo formato que llevan una película (sí, nada de digital aquí) más grande de 12″ (304 mm).

El vídeo que os muestro a continuación es su charla en uno de los eventos TEDx. En dicha charla (en inglés) nos comenta como fue su progreso fotográfico, desde que dejo su carrera como arquitecto, pasando por su trabajo en color, hasta que decidió arriesgarse y empezar de nuevo a trabajar en blanco y negro, mercado que en teoría le generaría menos dinero, y donando parte de su trabajo a instituciones y asociaciones para defensa de la naturaleza.

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Tenía pendiente desde hace un par de meses narrar nuestras peripecias por el último condado que visitado en nuestro viaje a Irlanda, uno de los más famosos para los amantes del paisaje y la fotografía de naturaleza: Co Kerry.

Quedaban 3 días de viaje y nos volvimos a levantar por última vez al lado de los acantilados de Moher, intentando fotografiar de nuevo un amanecer en la zona. No hubo suerte, unas ligeras pinceladas de color y de vuelta la lluvia. Co Clare se despedía de nosotros como nos había recibido. Tocaba el momento de empezar nuestro camino a la península de Dingle, en el condado de Kerry.

Anochece en Dingle

Anochece en Dingle [Canon 5D Mark II con Canon EF 17-40 F4L. Toma sacada a IS0100, f13 y 0,3 seg. Trípode
y disparador remoto utilizado]. © David García Pérez 2014.

Después de dejar las cosas en el hotel nos vamos a explorar la zona de Dunquin Pier, la idea era fotografiar ahí la puesta de sol. Como siempre nos liamos y nos lleva la exploración más tiempo del necesario, así que corriendo de vuelta para cenar en el primer restaurante que nos encontremos.

De regreso a Dunquin Pier tomamos varias fotos por el camino, apartándonos a un lado cada vez que pasaba un coche por la estrecha carretera. Durante la puesta de sol comienza el estrés, la foto inicial con el Dunquin Pier no me convence cuando el espectáculo de luces comienza, así que toca moverme por la zona, cada vez más atraído hacia las dos islas que se veían al fondo: Great Blasket y Irishtooskert (entre otras).

Fotografiando en Dunquin Pier

Fotografiando en Dunquin Pier. © Manel Galera Medina 2014.

Al día siguiente ya nos marcharíamos de la zona. La lluvia de nuevo nos estropearía el amanecer y como de esta vez sí que teníamos tiempo, exploramos un poco más la zona de Dingle para guardar en la mente posibles localizaciones en el futuro, después de todo, por una vez en este viaje, nos sobraba el tiempo.

Lluvioso día en Killorglin

Lluvioso día en Killorglin [Canon 5D Mark II con Canon EF 17-40 F4L. Toma sacada a IS0100, f13 y 1/125 seg. Trípode
y disparador remoto utilizado]. © David García Pérez 2014.

Llegaríamos al mediodía a Killarglin, el pueblo donde habíamos reservado nuestro último bed & breakfast del viaje. Comemos por la zona y ponemos camino a Killarney, el pueblo más importante de lo que se conoce como el anillo de Kerry, una de las carreteras que cada esquina esconde una joya para la gente que le guste la naturaleza.

Últimas horas de luz en el Castillo de Ross

Últimas horas de luz en el Castillo de Ross [Canon 5D Mark II con Canon EF 17-40 F4L. Toma sacada a IS0100, f13 y 0,5 seg. Trípode
y disparador remoto utilizado]. © David García Pérez 2014.

Nuestra entrada en Killarney no fue muy exitosa. Un grandioso atasco nos esperaba. Parecía que si la mitad de Irlanda estuviese ahí de vacaciones. Con un poco de paciencia conseguimos cruzar el pueblo y ponernos a explorar los alrededores del lago Leane. Como siempre, y en la dinámica ya curtida durante el viaje, estábamos oteando posibles localizaciones para fotografiar el amanecer al día siguiente.

Antes de cenar nos dirigimos al castillo de Ross, zona donde planeábamos hacer la puesta de sol y queríamos ver antes de cenar, para tener una idea de lo que nos podíamos esperar. Con la experiencia del atasco anterior, decidimos dejar el coche a la entrada del pueblo y acercarnos caminando hasta algún sitio a cenar. No queríamos volver a experimentar el atasco de hace unas horas.

El sol se esconde en el lago

El sol se esconde en el lago [Canon 5D Mark II con Canon EF 17-40 F4L. Toma sacada a IS0100, f13 y 0,3 seg. Trípode
y disparador remoto utilizado]. © David García Pérez 2014.

Después de cenar llego el momento de fotografiar la puesta de sol. Una vez llegamos al lago y pudimos ver como estaban las cosas parecía que la puesta de sol podría prometer mucho. Curiosamente de esta vez no hubo muchas peleas por la localización, cada uno de nosotros se fue a una esquina diferente.

Tuvimos 3 momentos claramente diferenciados durante esta puesta de sol. De entrada, posicionado para pillar la fotografía de los últimos rayos naranjas del sol golpeando el castillo. Pensaba que eso no iba a ocurrir, dado que el tiempo pasaba y el castillo seguí bajo la sombra de las nubes, pero cuando rompió, aquello se convirtió en un naranja increíblemente saturado que ilumino completamente el viejo castillo medieval.

Estelas de Luz

Estelas de luz [Canon 5D Mark II con Canon EF 17-40 F4L. Toma sacada a IS0100, f13 y 0,6 seg. Trípode
y disparador remoto utilizado]. © David García Pérez 2014.

Justo después de fotografiar el castillo, corriendo a otro lado del lago a empezar a fotografiar el espectáculo de luces de la puesta de sol y las nubes que había alrededor. Irlanda parecía que se quería despedir de nosotros por todo lo alto. Mientras unos recogían sus barcas de remos después de una jornada deportiva por el lago, nosotros fotografíabamos como locos los últimos rayos de sol.

Cascada de Torc

Cascada de Torc [Canon 5D Mark II con Canon EF 17-40 F4L. Toma sacada a IS0100, f13 y 1,3 seg. Trípode
y disparador remoto utilizado]. © David García Pérez 2014.

Cuando la hora azul se hizo presente, tocó volver a mirar al castillo, ahora con las nubes azules de fondo y este iluminado artificialmente. Realmente esta era la única foto que tenía en mente cuando llegué ahí. Después de la sesión es probablemente la foto menos interesante de todas las que hice.

Al día siguiente el amanecer sería de lo más soso y realmente ni me he molestado a trabajar ninguna de las fotos que hice en esa sesión. Después, durante el día, nos dedicamos a recorrer diferente localizaciones del anillo de Kerry, evitando los momentos de intensa lluvia. La verdad es que es una zona que uno puede perderse simplemente haciendo fotos.

El atardecer no depararía mucho y al día siguiente tocó levantarse para ir a coger el avión a Dublin. Nuestro periplo irlandés había terminado… habrá que volver en el futuro.

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