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  • David García Pérez
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Continuo con mi serie de vídeos explicando como usar lentes Tilt-Shift o basculante descentrables. En esta ocasión hablo sobre el tema de usar el movimiento de Tilt para conseguir cambiar la dirección del plano de enfoque con el objetivo de que todo nos quede perfectamente enfocado sin tener que recurrir a profundidades de campo excesivas como f22 donde tenemos demasiados problemas de difracción.

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Nuestro periplo por Irlanda del Norte terminó en el maravilloso amanecer descrito en el anterior artículo. Tocaba cambiar de lugar y movernos hacia la comarca de Galway, iba a ser nuestro desplazamiento más largo del viaje, y aún por encima lo complicamos más.

Nuestra idea inicial era parar en unas tres zonas antes de llegar a la región de Connemara, que era dónde íbamos a pasar la noche. Cuando preparamos la ruta del viaje, en casita tan tranquilos, teníamos tiempo de sobra para todo. Pero ya el día anterior, empecé a jugar un poco con cálculos de tiempo del GPS y le comenté a mis compañeros que las cuentas no me estaba cuadrando.

De todas formas, después de fotografiar el amanecer, dormir unas horas, y desayunar, empezamos hacer kilómetros hasta nuestra primera localización, el faro de Fanad, todavía en el norte de la isla, y la verdad, para nada en camino de a donde queríamos ir por la tarde.

La verdad es que parecía que el tiempo jugaba de nuestra parte, cuando montábamos en el coche empezaba a llover, y cuando salíamos, paraba. Desde que salimos del hotel hasta el faro nos llovió constantemente, incluso durante momentos que era para parar el coche al lado de la carretera y esperar a que parase. Pero nada más llegar al faro el sol apareció tímidamente detrás de las nubes y la lluvia paró.

Fanad Lighthouse

Fanad Lighthouse [Canon 5D Mark II con Canon 50mm f1.8 mark II. Toma sacada a IS0100, f11 y 1/80 seg. Trípode y disparador remoto utilizado]. © David García Pérez 2014.

La zona del faro la tienen bastante vallada con carteles que indican claramente que no es posible pasar. Lo cual deja las posibilidades de encuadre un pelín limitadas. Exceptuando para nuestro intrépido Alex, que a costa de volver con sus posaderas completamente mojadas, consiguió llegar a un punto que daba un pelín más de juego.

Después de esta tranquila sesión fotográfica fue cuando nuestros temores se confirmaron, íbamos más que justos de tiempo para llegar al hotel, conseguir que nos diesen algo de cenar, y de paso explorar la zona para un posible amanecer el día siguiente y, si cuadraba, hacer unas cuantas fotos de atardecer. Así que todos de vuelta al coche y a ponerse hacer kilómetros, con calma pero sin pausa.

Llegamos con el tiempo justo al hotel, dejamos las cosa y parecía que la suerte nos acompañaba, dado que había un restaurante de comida rápida al lado (todavía estábamos con la impresión de Irlanda del Norte, dónde la densidad de restaurantes por kilómetro cuadrado es más baja que en Irlanda). Un par de cosillas al estómago y a ponernos a explorar las diferentes localizaciones.

El tiempo al anochecer no nos acompañaba para hacer las fotos. Las nubes de lluvia nos habían seguido hasta este sitio, así que simplemente después de mirar varias zonas decidimos una esquina concreta para fotografiar al día siguiente.

Twelfe Bens

Twelfe Bens [Canon 5D Mark II con Canon 17-40mm f4L. Toma sacada a IS0100, f11 y 0,3 seg. Trípode y disparador remoto utilizado]. © David García Pérez 2014.

No teníamos mucha esperanza para el amanecer, temíamos unas intensas nubes de lluvia, que aunque no lloviese, tapasen por dónde salía el sol y no nos dejasen hacer la foto buscada. Lo que sí no nos esperábamos era salir y no ver ni una sola nube en el cielo. Ahora nuestros temores eran los contrarios, nos iba a quedar un cielo un pelín soso !Si es que nunca llueve a gusto de un fotógrafo de naturaleza!

Llegamos a la zona que habíamos escogido, y después de distribuirnos un poco por que salíamos en los encuadres del uno al otro, empezamos a jugar con composiciones distintas usando unas estelas de avión que empezaban a pillar el color del amanecer. La suerte que tuvimos es que en el momento más oportuno, los montañas conocidas por Twelfe Bens ó Twelve Pines tenían unas simpáticas nubes encima, junto con un lago que a ratos hacían que estas se reflejasen en él.

También en ese momento tuve un problema. Debió aumentar la humedad y el polarizador se me empañó completamente. No hubo forma de hacer que se desempañase, tanto que la solución fue dejarlo en la mochila y rezar a que la lente no hiciese lo mismo.

Este día decidimos cambiar un poco la rutina habitual que teníamos. En vez de ir a dormir unas horas antes de volver a recorrer un poco más la zona por la mañana, decidimos acercarnos a la Abadía de Kylemore, que estaba a unos 20 minutos y le quedaba como una hora para seguir estado a la sombra de una ladera. Dado que no había muchas nubes en el cielo ahora era el momento de hacer la foto o dejarla para nuestro próximo viaje a Irlanda.

Kylemore Abbey

Kylemore Abbey [Canon 5D Mark II con Canon 50mm f1.8 mark II. Toma sacada a IS0100, f11 y 1/30 seg. Trípode y disparador remoto utilizado]. © David García Pérez 2014.

La abadía pasó a lo largo de su historia de las manos de tres grupos de personas. Construida como un castillo personal por un medico londinense en el siglo XIX, fue después vendida a los duques de Manchester, los cuales, por problemas de deudas de juego, la pondrían a la venta, siendo esta comprada por una grupo de monjas que escapan de Bélgica durante la primera guerra mundial, a principios del siglo pasado. Desde ese momento hasta ahora sigue en posesión de las monjas, junto con los extensos terrenos alrededor de ella.

Después de recoger las cosas y dar otra pequeña vuelta por la zona, tocó poner camino a uno de los platos fuertes de nuestro viaje. Camino a los acantilados más famosos de toda Irlanda.

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Si hay una aplicación que considero esencial para mi fotografía de paisaje es sin duda The Photographer’s Ephemeris. Ya sea usándola en su versión móvil en el campo, para comprobar de forma exacta donde saldrá el sol o se pondrá, planificando así las diferentes fotografías antes de hacerlas. O en casa, delante del ordenador y en pantalla grande para estudiar si tal día es el óptimo o no para hacer fotos en una determinada localización.

The Photographer's Ephemeris para Web

Hasta ahora, la versión de escritorio del The Photographer’s Ephemeris se distribuía bajo la plataforma Adobe Air que básicamente son aplicaciones flash para escritorio. Esta aplicación flash se conectaba a los servicios de Google Maps para cargar los diferentes mapas. Pero a partir del mes de Septiembre, Google deja de dar soporte a sus mapas a través de su API para flash (si esto ayuda a que flash desaparezca antes, bienvenida sea la iniciativa de Google), con lo cual la aplicación de escritorio que funcionaba en sistemas Windows, como Mac OS X ó Linux deja de funcionar.

Para la gente que quiera seguir usando The Photographer’s Ephemeris en su ordenador para planificar sus próximos viajes fotográficos (entre ellos yo), los creadores de tan útil aplicación han desarrollado una versión web de la misma: app.photoephemeris.com, con prácticamente la misma funcionalidad.

Este cambio no afecta lo más mínimo a su versión para móviles, ya sea iOS o Android (y de la que realmente saca dinero la gente esta).

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La creación de fotografías panorámicas desde luego no es para lo que compraríamos una lente descentrable basculante o tilt shift. Una simple rótula capaz de hacer fotografías panorámicas nos saldría más rentable. Pero dado que la tenemos, ¿por qué no aprovecharla? En el siguiente vídeo os comento un poco el procedimiento en el campo para dicho tipo de fotografías:

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Si mi último viaje fotográfico me había llevado prácticamente al otro hemisferio y a otro continente, este prácticamente se puede decir que me ha llevado aquí al lado. Buscando una alternativa un pelín más económica para este año, un par de amigos y yo terminamos en Irlanda, la isla esmeralda. Conscientes de que nos podíamos encontrar con unos 10 días de viaje fotográfico bajo una lluvia intensa, nos encontramos con el regalo de la naturaleza de un amanecer ó anochecer fantástico todos los días del viaje. Supongo que la mala suerte del viaje vino de los dos golpes que le dimos (bueno, vale, le dí), al coche de alquiler, menos mal que nos forzaron a pillar seguro a todo riesgo (si no lo pillas, la franquicia no baja de los 1500€, demasiado para nuestro gusto).

Anochecer en la Calzada de los Gigantes

Anochecer en la Calzada de los Gigantes [Canon 5D Mark II con Canon 24m TS-E Mark II. Toma sacada a IS0100, f11 y 1,3 seg. Trípode y disparador remoto utilizado]. © David García Pérez 2014.

Bien, que me desvío del tema principal, la fotografía. Nuestro primer día en Irlanda parecía que no empezaba con buen pie. Después de salir con una hora de retraso de Barcelona, más retrasos a la hora de recoger el coche del alquiler, y empezar a conducir bajo una lluvia intensa, las cosas no pintaban bien, pero el ánimo no bajaba.

Nuestro primer destino era Irlanda del Norte, y más concretamente la maravillosa costa de la zona de Antrim, más conocida como “Costa de la Calzada / Causeway Coast”. Nuestro objetivo principal era fotografiar “La Calzada de los Gigantes,” el punto paisajístico más característico de la zona y que la da nombre a dicha costa.

Reflejos en la Calzada de los Gigantes

Reflejos en la Calzada de los Gigantes [Canon 5D Mark II con Canon 24mm TS-E Mark II. Panorámica compuesta de 3 fotos sacadas a IS0100, f11 y 1,6 seg. Trípode y disparador remoto utilizado]. © David García Pérez 2014.

La Calzada de los Gigantes es una maravilla geológica compuesta por unas 40.000 columnas de basalto. Estudios geológicos dicen que esta caprichosa formación de columnas hexagonales (en su gran mayoría) fue formada como hace unos 60 millones de años. Dicha zona tenía gran actividad volcánica y la lava salía de la tierra con una gran cantidad de basalto líquido en ella. Según dicho basalto fue enfriando se fueron formando dichas columnas. Según lo rápido o lento que se enfriase, las columnas serían de diferentes alturas.

Tal vez más interesante que la historia geológica es la historia mitológica irlandesa. Según la leyenda, el gigante irlandés Finn McCool retó al gigante escocés Benandonner. Para poder facilitar la pelea entre ambos, Finn construyó una calzada que iba desde Irlanda hasta la isla escocesa de Staffa. Una vez finalizada dicha calzada, Benandonner decidió aceptar el reto y empezó a cruzar la calzada hasta Irlanda. Cuando Finn empezó a divisar la figura de Benandonner sobre el horizonte se dio cuenta que había retado a un rival mucho más grande que él. En ese momento decidió escapar corriendo a su casa y preguntar a su mujer, Oonagh, que hacer. Oonagh rápidamente escondió a Finn en una cuna gigante y lo disfrazó como un bebé. Cuando Benandonner llegó a casa de Finn, Oonagh le dijo que Finn vendría en un rato, pero al ver el tamaño del “supuesto hijo de Finn”, Benandonner empezó a imaginar el tamaño que tendría Finn y decidió escapar corriendo, destrozando, en su camino de vuelta a Escocia, la calzada. En la isla escocesa de Staffa, en la cueva de Figal, se pueden observar columnas de basalto como las de la Calzada de los Gigantes, lo cual se cree que ayudó a crear la leyenda.

Cascada de Glenoe

Cascada de Glenoe [Canon 5D Mark II con Canon 70-200f4L IS. Toma sacada a IS0100, f11 y 0,8 seg. Trípode y disparador remoto utilizado]. © David García Pérez 2014.

Dejándonos de leyendas a parte y empezando una constante de llegar tal vez demasiado justo de tiempos a todos los lados en este viaje, alcanzamos nuestro primer destino, el pequeño hotel/albergue dónde íbamos a dormir los próximos 3 días. Después de dejar las maletas en el hotel, montar mi trípode (no entra entero en la maleta) y preguntar al dueño del hotel restaurantes cerca de la zona, nos vamos corriendo a cenar.

La ventaja era que la puesta de sol estaba para las 22:00 de la noche, así que a pesar de ser las 20:00 aún teníamos margen de tiempo (la desventaja es que al día siguiente amanecía a las 5:00… pero me estoy anticipando). Después de cenar, nos vamos hasta la entrada de la Calzada de los Gigantes.

Dunluce Castle

Dunluce Castle [Canon 5D Mark II con Canon 17-40Lf4. Toma sacada a IS0100 y f8 (HDR de 7 fotos). Trípode y disparador remoto utilizado]. © David García Pérez 2014.

Era la primera vez que íbamos a esa zona, así que aparcamos el coche al lado de entrada del centro de interpretación dado que parecía que a partir de ahí esta prohibido circular con vehículos motorizados. Hay que caminar unos 15 minutos hasta llegar a la Calzada desde donde dejas el coche (más problema es a la vuelta, que básicamente es cuesta arriba). Y una vez allí, la verdad es que el paisaje es completamente distinto a cualquier cosa que viese en ningún otro lado. Resulta extraño pensar que esas formas hexagonales sea un capricho de la naturaleza.

La lluvia se había marchado, el principal recuerdo de ella eran las resbaladizas rocas de basalto que nos hacían movernos con precaución, y las rápidas nubes que pasaban sobre nuestra cabeza. Pero por dónde se ponía el sol el cielo estaba roto y nos regaló colores tanto en las rocas como en las nubes, y una larga hora de entretenimiento fotográfico.

Baja la marea en la Calzada de los Gigantes

Baja la marea en la Calzada de los Gigantes [Canon 5D Mark II con Canon 17-40Lf4. Toma sacada a IS0100, f11 y 0,8 seg. Trípode y disparador remoto utilizado]. © David García Pérez 2014.

A la mañana siguiente, como habíamos llegado tan justos de tiempo, no teníamos buscado ninguna localización para amanecer, así que decidimos volver a ir a la Calzada de los Gigantes. El fuerte viento y la lluvia nada más llegar hasta allí nos hicieron pensar que la mejor opción era volver al hotel y dormir unas cuantas horas más.

Después de dar bastante vueltas buscando un sitio donde desayunar, empezamos de nuevo nuestra exploración de lugares que fotografiar. Nuestra primera parada The Dark Hedges, una serie de impresionantes árboles plantados alrededor de una carretera que dan lugar a una composición bastante chula (aunque tal vez de posibilidades limitadas, sobretodo si queremos ser originales). El único problema fue no pensar que era domingo, nunca se nos pasó por la cabeza que habría tanta gente.

Anochece en la Calzada de los Gigantes

Anochece en la Calzada de los Gigantes [Canon 5D Mark II con Canon 17-40Lf4. Toma sacada a IS0100, f11 y 2,5 seg. Trípode y disparador remoto utilizado]. © David García Pérez 2014.

Tras mucho esperar a ver si la gente se marchaba a comer, el cielo empezó abrir y ya decidimos irnos a otra localización y si tal por la tarde volver a intentarlo. Nos tocaba un poco de carretera para llegar hasta la cascada de Glenoe. Mientras en The Dark Hedges ni la gente ni la luz nos acompañaron, en Glenoe después de esperar un poco los niños que estaban jugando en el agua se fueran, el sol decidió esconderse detrás de una nube, dejando una luz suave ideal para fotografiar dicho entorno, a pesar de que eran las dos de la tarde.

Contentos con nuestra primera buena foto del día nos fuimos a comer. La idea después de comer era visitar la destilería de Bushmills (¡no todo va a ser fotografía!). Pero en ese momento decidí tener el primer choque del viaje, rasqué otro coche mientras dejaba pasar a otro en un cruce (eso de que el coche crezca hacia la izquierda en vez de hacia la derecha, respecto a la posición del conductor). Una hora larga nos llevó resolver con la chica a la que le rasqué el coche y los de mi compañía de alquiler los papeles del seguro, para cuando llegamos a la destilería ya estaba cerrada.

Amanece en el puerto

Amanecer en el puerto [Canon 5D Mark II con Canon 70-200f4L IS. Panorámica de 11 fotos sacadas a IS0100, f11 y 5 seg. Trípode y disparador remoto utilizado]. © David García Pérez 2014.

Pasamos a la siguiente tarea del día, buscar un lugar para fotografiar el amanecer la mañana siguiente. Nos acercamos a una playa cerca de Ballintoy que no nos convenció mucho. Fuimos hasta Ballintoy Harbour buscando Elephant Rock, pero al llegar hasta ella, después de andar una media hora desde donde dejamos el coche, vimos que los ángulos del sol al amanecer no eran nada buenos. El propio puerto de Ballintoy no tenía mal ángulo pero no nos convencía mucho (después averiguaríamos que dicha localización fue usada para grabar la serie de televisión Juego de Tronos). Y sin todavía tener claro donde hacer el amanecer el día siguiente nos fuimos a cenar.

El plan para las horas entre la cena (a las 19:00 de la tarde) y la puesta de sol (las 22:00) ya las teníamos claras desde que comenzamos el día. Primero iríamos a cenar a un pub que vimos al lado de la entrada de la Calzada de los Gigantes, que resultó no ser mala opción. Después nos escaparíamos corriendo a fotografiar Dunluce Castle, para regresar corriendo la última hora antes de la puesta de sol a la Calzada de los Gigantes, que el anochecer parecía que iba a ser mucho mejor que el anterior y nos permitiría continuar disfrutando de tan magnífico paisaje.

Amanecer en Ballintoy Harbour

Amanecer en Ballintoy Harbour [Canon 5D Mark II con Canon 17-40Lf4. Toma sacada a IS0100, f11 y 6 seg. Trípode y disparador remoto utilizado]. © David García Pérez 2014.

El castillo de Dunluce es bastante impresionante. Siempre que veo una construcción así me imagino lo complicado que debió ser en la época construirlo ¡Aún debe ser complicado hoy mismo! El castillo se alza sobre un acantilado, ¡y cómo no!, también tiene su propia leyenda. Se dice que en el años 1639 durante un gran banquete en una tormentosa noche de invierno, la cocina del castillo, llena de sirvientes preparando la cena, se desplomaron sobre el mar, muriendo todos los sirvientes menos un joven pinche de cocina, que casualmente se encontraba en ese momento en la única esquina que no se vino abajo. Se dice que en las noches de tormenta, se pueden escuchar los gritos de los sirvientes mientras caen al mar en su fatal destino. Parece ser que este accidente fue una de las principales causas por las que sus dueños decidieron no seguir viviendo en dicho castillo.

Mientras estábamos fotografiando el castillo de Dunluce nos encontramos con otro fotógrafo. Como suele pasar en estas ocasiones empiezas hablar: ¡Qué bien/mal está la luz! ¡Esta zona me gusta mucha para fotografiar! ¿De dónde sois? ¡Mi cámara es más grande que la… bueno, mejor dicho, ¡Ahh, tu usas tal cámara! no yo uso esta… etc. Lo bueno de dicha conversación es que averiguamos que a partir de las 21:00 se podía bajar en coche hasta la misma zona de la calzada, lo cual nos daba unos 20 minutos más para fotografiar tranquilamente el castillo.

Colores en Ballintoy Harbour

Colores en Ballintoy Harbour [Canon 5D Mark II con Canon 17-40Lf4. Toma sacada a IS0100, f11 y 6,0 seg. Trípode y disparador remoto utilizado]. © David García Pérez 2014.

Pues lo dicho, acto seguido, para el coche y a conducir los 10 minutos que nos llevarían hasta la calzada. De esta vuelta parecía que había una kdd fotográfica. Debíamos ser como unos 7 fotógrafos por la zona. Otra hora de buena luz, aunque creo que la del día anterior había sido mejor, y de vuelta a dormir en el hotel.

Al final, a pesar de no estar muy convencidos, pensamos que ir hasta la zona de Elephant Rock para hacer el amanecer iba a ser la mejor opción para el día siguiente. Según nos íbamos acercando con el coche, empezamos a observar que hacia el otro lado, en Ballintoy Harbour las luces del amanecer parecían prometer bastante. Cambiamos de idea y caminamos hacía allí. Tuvimos una hora de unos colores espectaculares. Probablemente el mejor amanecer que observamos en todo el viaje.

Más que contentos con el trabajo realizado, regresamos al hotel donde dormiríamos unas cuantas horas para después hacer las maletas y poner camino hacia la zona oeste de la isla. Pero eso ya es una historia para otra entrada en el blog.

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Realmente este artículo debería haberlo titulado: ¿Por qué el punto de enfoque cambia con la distancia focal en gran parte de los objetivos zoom? Pero vayamos por partes, en el mercado hay dos clases de lentes tipo zoom: Varifocal – Un objetivo tipo zoom que cuando cambiamos la distancia focal del mismo (el zoom) cambia el punto de enfoque y Parfocal – un objetivo cuyo punto de enfoque se mantiene constante si cambiamos la distancia focal (el zoom).

Amanecer en Val d'Arán

Amanece en Val d’Aran [Canon 5D Mark II con Canon 70-200f4L IS. Toma sacada a IS0100, f11 y 0,6 seg. Trípode y disparador remoto utilizado]. © David García Pérez 2014.

La gran mayoría de los objetivos zoom específicos para fotografía son del tipo varifocal, si cambiamos el zoom del mismo es necesario reenfocar la lente para seguir manteniendo el enfoque en el punto seleccionado. Los fabricantes de cámaras cuentan con que el sistema de autoenfoque corrija el enfoque según vayamos cambiando el zoom/distancia focal de nuestra lente. Esto hace que los requisitos de fabricación de la lente bajen, es más fácil diseñar la lente, y mucho más importante, más barato.

El problema se presenta para la gente que graba vídeo con cámaras fotográficas. Una de las técnicas empleadas por videógrafos es hacer zoom mientras graban una escena para enfocar la atención del espectador en algo. Obviamente, se desea que el enfoque se mantenga constante en ese punto de interés mientras el zoom cambia, lo cual no ocurre. Los sistemas de autoenfoque en vídeo funcionan de aquella manera y habitualmente estas lentes se suelen usar con enfoque manual. Obligando a corregir el zoom y el enfoque al mismo tiempo.

Por otro lado, si sois como yo, que prácticamente eso del autoenfoque es una característica inútil que trae la cámara y enfocáis manualmente con LiveView, es un detalle importante a tener en cuenta.

Aquí tenéis unas pequeñas pruebas que realicé con mi Canon 70–200f4L IS. Más que nada para ilustrar mejor el efecto, dado que suele ser más crítico en lentes con focales más largas. Para ver como el enfoque varia con esta lente, nada mejor que la fotografía de una regla:

Imagen original de la regla sin recortar

El procedimiento es muy sencillo: pongo la lente en un trípode, encuadro la regla, ajusto exposición y la dejo en manual para el resto de las fotos, me aseguro que la lente esté en enfoque manual y el estabilizador desactivado para que no afecte de ninguna forma a la nitidez de la imagen y, finalmente, enfoco manualmente con LiveView en la marca de 20mm de la regla.

Una vez todo preparado comienzo una serie de imágenes donde lo único que vario es la distancia focal de las mismas. La primera con la lente en su focal de 70mm se puede ver perfectamente el 20 enfocado en el siguiente recorte de la imagen (todas las imágenes a partir de ahora están recortadas para mostrar más o menos siempre el mismo área):

Recorte de la imagen inicial con la lente enfocada en 20 mm.

La segunda imagen ya incremento la focal a 100mm, el 20 aún se sigue teniendo un aspecto “pasable”.

Imagen recortada con la lente a distancia focal de 100mm

La tercera imagen pongo la lente en 135mm, como antes, no he modificado en ningún momento el enfoque. Se observa claramente que el 20 ya está desenfocado con respecto a la primera imagen de 70mm, la que empleé para enfocar la lente.

Imagen con la distancia focal de la lente seleccionada a 135mm

Ajusto el zoom de la lente a 176mm, aquí claramente vemos que simplemente por cambiar la distancia focal de lente, el punto de enfoque de la imagen se ha movido entre las marcas de 15 y 16mm de la regla.

Imagen recortada con la lente a distancia focal de 176mm

Última imagen de la serie, a 200mm de distancia focal en la lente. Ya empieza a ser complicado distinguir el 20 en la regla.

Imagen recortada con la lente a distancia focal de 200mm

Todas las imágenes fueron recortadas más o menos al mismo tamaño para facilitar la comparación entre ellas. Por otro lado, son recortes de los ficheros tal cual salieron de la cámara, en ningún momento he aplicado ningún algoritmo de enfocado.

Obviamente todas las imágenes están hechas a la apertura máxima de la lente, que en este caso es f4. Aperturas más cerradas podrían ocultar esta “característica/problema” de la lente, dado que incrementaría la profundidad de campo.

Hay lentes zoom que no presentan este “problema”, como por ejemplo las lentes para cine que crear Zeiss, específicamente diseñadas para ser lentes del tipo parfocal. Eso sí, su modelo 70–200, tiene el módico precio de unos $20.000, y sin autoenfoque. Con ese precio casi me sigo quedando con mi veterano Canon 70–200f4L IS.

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Continuo con la serie de vídeos sobre lentes Tilt-Shift o basculantes descentrables. En esta ocasión completamente centrado en su utilidad de conseguir corrección de perspectiva para que no parezca que un edificio se cae sobre nosotros o hacia atrás. Aunque quien dice edificio también se puede aplicar a otras cosas como montañas, árboles, etc…

Perdonar la calidad del sonido, está claro que tengo que buscar mejores soluciones para el viento.

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Desde que empecé en esto de la fotografía, siempre hubo un tipo de lentes que me llamaron un montón la atención, las del tipo Tilt-Shift o Descentrables Basculantes. Tal vez fuese debido a que siempre quise una cámara de largo formato que están fuera del alcance de mi bolsillo. O tal vez fuese la influencia de alguno de los fotógrafos canadienses que sigo, que publican libros sobre este tipo de lentes. Sea como fuese, ya hace más de un año terminé en mis manos con una Canon TS-E 24mm f/3.5L II, y con este vídeo empiezo una serie describiendo las posibilidades de estas lentes.

Durante los próximos meses, más información sobre las mismas. Con el objetivo de picaros la curiosidad a vosotros, pero casi más importante, el objetivo de yo terminar de enterderlas al 100% de una vez por todas.

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Llegamos al final de la narración de nuestro pequeño viaje a las tierras patagónicas. Después de nuestro periplo chileno, sobretodo centrado en el parque natural de Torres del Paine, llegaba la hora de cambiar de país, nos dirigíamos a Argentina, era el momento de visitar el conjunto de montañas más famosos después de las Torres y Cuernos del Paine, íbamos camino al Fitz Roy.

El viaje desde Chile hasta allí tuvo sus complicaciones, después de un periplo entre la frontera chilena y argentina que casi hacen que nos quedemos sin poder cruzar al otro lado, conseguimos pasar. Eso sí, con un nivel preocupante de combustible en el deposito (llegamos bien entrados en la reserva a la gasolinera más cercana, y sin ningún otro punto donde comprar combustible a más de 100 km de distancia). Recuerdo que no hablábamos mucho en el coche en esos momentos.

Chorrillo del Salto

Chorrillo del Salto [Canon 5D Mark II con Canon 50mm f1.8 Mark II. Toma sacada a IS0100, f13 y 1/4 seg. Trípode y disparador remoto utilizado]. © David García Pérez 2013.

Gran parte del camino lo hicimos a través de la famosa Ruta 40 que recorre Argentina de norte a sur y baja paralela a la cordillera de los Andes. Probablemente la parte que hicimos no es que fuese la paisajísticamente la más interesante. Grandes planicies de tierra sin casi nada característico. Lo único que daba emoción era las densas nubes de lluvia que nos acompañaron y descargaron parte del agua durante todo el viaje.

Entre una cosa y otra llegamos de noche a El Chaltén, al hotel Kau Si Aike, el que iba a ser nuestra base de operaciones durante los próximos días en Argentina. Este primer día solamente nos dio tiempo a dejar los bártulos en nuestras habitaciones y poner camino a un restaurante para cenar algo.

Al día siguiente volvimos a nuestra rutina diaria, volverse a levantar 4:15 de la mañana para dirigirnos a un mirador para fotografiar el Fitz Roy. Nada más salir de la furgoneta el viento nos recordó que todavía estábamos en Patagonia, y para nuestra desgracia, parecía que la suerte que tuvimos con los Cuernos del Paine continuaba con nosotros. Unas densas nubes tapaban completamente el Fitz Roy, ni su silueta éramos capaces de distinguir.

Vuelta al hotel a dormir un rato más, para después levantarnos a desayunar y hablar con la simpática dueña del hotel, Patricia. Visto que las previsiones del tiempo no eran muy halagüeñas, preguntamos si podíamos cambiar un día de la reserva, en vez de no dormir el lunes como teníamos planeado, preguntamos si podíamos quedarnos ese día, y así dejar para el martes el intento de subir a hasta la laguna Capri para acampar y dormir allí. Ese día parecía que la predicción del tiempo era la mejor de todas.

Anochecer en el Chaltén

Anochecer en el río de las Vueltas y el Chaltén [Canon 5D Mark II con Canon 70-200f4L IS. Toma sacada a IS0100, f13 y 3,2 seg. Trípode y disparador remoto utilizado]. © David García Pérez 2013.

Después de desayunar, y ya con el sol pegando fuerte, ahí vemos el Fitz Roy, casi parecía que se estaba riendo un poco de nosotros, mostrándose cuando no queríamos que se mostrase. Dedicamos el día a recorrer la zona, parándonos a fotografiar en sitios como el Chorrillo del Salto, y viendo dónde podíamos hacer el atardecer. El día se ponía cada vez más feo, y para cuando intentamos fotografiar el atardecer, el Fitz Roy volvía estar completamente tapado por nubes.

Al día siguiente más de lo mismo, nos levantamos antes del amanecer, subimos de nuevo al punto escogido dónde hacer la fotografía, y de nuevo el Fitz Roy completamente tapado. La verdad es que bajamos casi sin ánimos de vuelta al hotel, nadie decía nada, pero todos nos acordábamos de la mala suerte en los Cuernos del Paine. A la hora de desayunar ya estábamos todos un poco más animados (unas horas más de sueño hacen maravillas), Patricia nos intenta dar ánimos de nuevo y nos comenta que los guardas forestales con los que había hablado dicen que al día siguiente será la mejor oportunidad de ver el Fitz Roy completamente despejado al amanecer.

De nuevo pasamos el día recorriendo un par de senderos con nuestras mochilas a la espalda. Por la tarde parece que todo se complica más, nubes de lluvia sobre el pueblo y, mientras unos se dedican a descansar un poco en el hotel esperando la hora de ir hasta la lavandería a recoger la ropa sucia recién lavada, yo me dedico a dar un pequeño paseo por el pueblo, más que nada matando el tiempo.

Amanecer en el Fitz Roy

Amanecer en el Fitz Roy [Canon 5D Mark II con Canon 70-200f4L. Toma sacada a IS0100, f11 y 1 seg. Trípode y disparador remoto utilizado.]. © David García Pérez 2013.

Nos fuimos a cenar muy relajados, ya no esperando luces, pero de todas formas, con el tiempo de sobra para que, después de cenar, pudiésemos pillar de nuevo la furgoneta para ir a intentar a fotografiar un atardecer. El Fitz Roy estaba completamente tapado pero, para nuestra sorpresa, en dirección El Chaltén tenía un conjunto de nubes sobre el que cogieron un precioso color que reflejaban sobre el agua del río (Río de las Vueltas). Parecía que al menos algo de color en las fotografías nos íbamos a llevar después de todo. Como era nuestra última noche aquí, y después de regresar con la sensación de que al menos teníamos algo, nos fuimos a una cervecería que había en el pueblo dónde hacían cerveza artesanal para celebrarlo.

Sin mucha fe, nos volvemos a levantar a las 4:15 el día siguiente, salimos de la puerta del hotel y vemos que Fitz Roy parecía estar completamente tapado. Pero eso no nos iba a parar, de nuevo en la furgoneta para el sitio dónde lo habíamos intentado los dos amaneceres anteriores. Y allí, nada más aparcar nos espera la sorpresa. El Fitz Roy no estaba tapado por nubes, por dónde salía el sol parecía que no había nada que lo tapase, y aún por encima había nubes sobre el Fitz Roy que podían mejorar la composición. Peleando con el viento tomamos posiciones y nos dedicamos a esperar. Tuvimos el mejor amanecer de todo el viaje, parecía que nuestra suerte había cambiado.

Amanecer en el Fitz Roy

Amanecer en el Fitz-Roy [Canon 5D Mark II con Canon 70-200f4L. Toma sacada a IS0100, f11 y 0,6 seg. Trípode y disparador remoto utilizado. Panorámica de 9 fotos unida con Adobe Photoshop]. © David García Pérez 2013.

Increíblemente más relajados bajamos a desayunar ese día. Tocaba preparar las mochilas para nuestra pequeña excursión hasta la Laguna Capri, y parecía que la predicción del tiempo iba acompañar. Tiendas de campaña, sacos de dormir, trípode y equipo fotográfico, iba a ser lo complicado de la ruta. Después de comer algo ligero bastante antes de la hora de comer y de dejarle nuestras maletas al cuidado de Patricia. Empezamos la ascensión.

Arroyo del Salto y Fitz Roy

Arroyo del Salto [Canon 5D Mark II con Canon 17-40f4L. Toma sacada a IS0100, f13 y 1/2 seg. Trípode y disparador remoto utilizado]. © David García Pérez 2013.

En un par de horas estábamos arriba montando el campamento al lado de la Laguna Capri. Como aún quedaba bastante hasta la hora de la puesta de sol, cada uno se dedico a dar una vuelta por ahí, descansar un rato, vamos, pasar el tiempo. A media tarde iniciamos nuestro camino hasta el Arroyo del Salto, el punto dónde haríamos nuestro anochecer. Escogimos con tiempo el lugar exacto del río dónde íbamos hacer las fotos, y mientras esperábamos cenando charlamos un rato del principal problema, había que organizarse bastante bien para que una persona no saliese en las fotos de la otra. Después de una entrañable tarde, tocó regresar ya de noche al camping, justo llegando a nuestras tiendas de campaña, vemos que el Fitz Roy tenía este luz curiosa merecedora de una foto.

Hora Azul en el Fitz Roy

Hora Azul en el Fitz Roy [Canon 5D Mark II con Canon 50mm f1.8 Mark II. Toma sacada a IS0100, f11 y 30 seg. Trípode y disparador remoto utilizado]. © David García Pérez 2013.

A la mañana siguiente tocó volver a levantarse para fotografiar el amanecer. Y después de unas cuantas indecisiones de dónde ponerse a fotografiar, empezó el espectáculo. La cosa prometía, se veía bastante despejado, y en unos pocos segundos se puso todo de un increíble color, y en otros pocos segundos el color desapareció. Nos dio el tiempo justo de una foto. Por dónde salía el sol debía haber nubes que solamente permitieron una breve sesión fotográfica.

Amanecer en la Laguna Capri

Amanecer en la Laguna Capri [Canon 5D Mark II con Canon 50mm f1.8 Mark II. Toma sacada a IS0100, f13 y 2 seg. Trípode y disparador remoto utilizado]. © David García Pérez 2013.

Tocaba recoger el campamento, bajar lo subido el día anterior, y llegar de vuelta al Chaltén. Después de un desayuno en el Kau Si Aike, nos despedimos de Patricia y ponemos camino de vuelta Puerto Natales, dónde pasaríamos nuestro último día y medio antes de regresar de vuelta a Europa.

Expedición Patagonia 2013

Miembros de la expedición, de izquierda a derecha: Albert Giol, yo mismo, Manel Galera, Toni de Luna, Alex Martin y Alejandro Blanco. © Alejandro Blanco 2013.

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Cualquiera que me conozca sabe perfectamente que no suelo hacer fotos de animales. Para bien o para mal me he obsesionado con el paisaje. Pero muchas veces cuando vamos varios en el mismo grupo hay que ceder, a algunos les puede gustar más el paisaje, a otros les puede gustar más los animales, y con los días tan largos que hacía en Patagonia, había tiempo para todo.

Ave rapaz en Chile - Patagonia

Ave rapaz en Chile – Patagonia.

He empezado el párrafo anterior de esta forma simplemente para indicar que probablemente las fotos que veas en este artículo te parezcan de lo más normalito. Al no haber practicado casi nunca este tipo de fotografía, me cuesta mucho encontrar los encuadres, y mucho más lo de aproximarme a los animales para que se dejen hacer fotografías antes de que salgan corriendo.

Cría de Guanaco

Cría de Guanaco.

Sí hay un animal que nos cansaríamos de fotografiar en Patagonia, ese sería el guanaco. Probablemente os recuerde mucho a la versión domesticada del mismo, la llama. Estaban por todas las esquinas del parque natural de Torres del Paine, y a pesar de que vimos a varios sueltos por ahí, lo normal era encontrarlos en grandes manadas.

Ñandú

Ñandú.

Recuerdo una mañana en particular, después de fotografiar las Torres del Paine, cuando nos acercamos al coche y con aún la luz bastante horizontal, vemos que donde habíamos aparcado a oscuras, a menos de un kilometro, había una gran manada desperezándose de la corta noche. Dejaron que nos acercásemos bastante para fotografiarlos con calma (pero manteniendo una distancia prudente, que el bicho cuando se siente amenazado te escupe a la cara directamente). Con unos contraluces interesantes. Parecían más interesados en espantar unos guanacos que no eran de su manada y intentaban unirse a ella. Realmente fue una forma de matar esas primeras horas del amanecer antes de irnos a desayunar.

Pingüino en Otway

Pingüino – Otway.

Otro de los animales más característicos de la zona es el Ñandú, una especie de avestruz pero en pequeñito. Y aunque todo el mundo nos decía que era muy fácil de encontrar, realmente creo recordar que solamente lo vimos en dos ocasiones. En la primera sin mucha suerte, el animal es bastante desconfiado, una vez nos bajamos del coche puso rápidamente una gran distancia entre nosotros. Nuestro 200mm, incluso para los que tenían multiplicador, no era suficiente. En una segunda ocasión, justo cuando dejábamos el Parque Natural de Torres del Paine, se dejaron fotografiar unos minutos, eso sí, corriendo de un lado a otro entre guanacos.

Pingüinos - Otway

Pingüinos – Otway.

Las aves era otro de los platos fuertes de la zona, sobretodo los buitres locales. Hubo un buitre muy joven que se dejó que nos acercásemos bastante mientras descansaba sobre una roca. Hasta que perdió la paciencia y se marchó hacia la siguiente roca. Y después ya se fue a otro zona, junto un grupo de ellos que estaba volando a gran altura, ya lejos de nuestras cámaras. Varias veces por el camino de una esquina a otro paramos a fotografiar las aves rapaces que nos encontrábamos posadas en árboles.

Joven buitre.

Joven buitre.

Pero si realmente hay un animal en la zona que se pueda considerar el rey, y también el más peligroso, es el puma. Teníamos el grupo un pelín dividido con respecto a él, varios querían ir a intentar fotografiarlo, otros pensábamos que era mejor ni intentarlo. Según nos contaron los guardas forestales, la mejor forma de conseguirlo verlo era ir de noche antes del amanecer por ciertos senderos donde se sabía que el “gatito” tenía varias guaridas. Justamente al amanecer el puma está volviendo a su guarida después de cazar durante la noche, y es buen momento para fotografiarlo. Como solamente teníamos como máximo un 200mm la verdad es que para mí gusto personal era acercarse demasiado a un gato tan grande. Y menos después cuando te dicen que si te topas con uno, lo que tienes que hacer es fríamente mirarle a los ojos mientras caminas hacia atrás, que si le das la espalda probablemente te ataque. Yo había ido a fotografiar amaneceres y atardeceres, ¿no?

Amanecer con Guanacos

Amanecer con Guanacos.

El día que ya estábamos de camino de regreso a Punta Arenas, a unas 12 horas de coger nuestro avión de vuelta a Europa, paramos en Otway para acercarnos a una reserva de pingüinos de Magallanes. La verdad es que llegábamos un pelín justos de tiempo, dado que la reserva cerraba en una hora después de nuestra llegada. El tiempo justo para coger la cámara y empezar a caminar la pasarela que te llevaba a la zona donde suelen anidar los pingüinos, que en ese momento estaban regresando del mar, después de una larga jornada pesquera. Realmente pocos animales más cómicos que el pingüino andando sobre tierra debe haber, pasamos una buena hora observándolos, y ellos tan tranquilos siendo observados.

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