patagonia

Cualquiera que me conozca sabe perfectamente que no suelo hacer fotos de animales. Para bien o para mal me he obsesionado con el paisaje. Pero muchas veces cuando vamos varios en el mismo grupo hay que ceder, a algunos les puede gustar más el paisaje, a otros les puede gustar más los animales, y con los días tan largos que hacía en Patagonia, había tiempo para todo.

Ave rapaz en Chile - Patagonia

Ave rapaz en Chile – Patagonia.

He empezado el párrafo anterior de esta forma simplemente para indicar que probablemente las fotos que veas en este artículo te parezcan de lo más normalito. Al no haber practicado casi nunca este tipo de fotografía, me cuesta mucho encontrar los encuadres, y mucho más lo de aproximarme a los animales para que se dejen hacer fotografías antes de que salgan corriendo.

Cría de Guanaco

Cría de Guanaco.

Sí hay un animal que nos cansaríamos de fotografiar en Patagonia, ese sería el guanaco. Probablemente os recuerde mucho a la versión domesticada del mismo, la llama. Estaban por todas las esquinas del parque natural de Torres del Paine, y a pesar de que vimos a varios sueltos por ahí, lo normal era encontrarlos en grandes manadas.

Ñandú

Ñandú.

Recuerdo una mañana en particular, después de fotografiar las Torres del Paine, cuando nos acercamos al coche y con aún la luz bastante horizontal, vemos que donde habíamos aparcado a oscuras, a menos de un kilometro, había una gran manada desperezándose de la corta noche. Dejaron que nos acercásemos bastante para fotografiarlos con calma (pero manteniendo una distancia prudente, que el bicho cuando se siente amenazado te escupe a la cara directamente). Con unos contraluces interesantes. Parecían más interesados en espantar unos guanacos que no eran de su manada y intentaban unirse a ella. Realmente fue una forma de matar esas primeras horas del amanecer antes de irnos a desayunar.

Pingüino en Otway

Pingüino – Otway.

Otro de los animales más característicos de la zona es el Ñandú, una especie de avestruz pero en pequeñito. Y aunque todo el mundo nos decía que era muy fácil de encontrar, realmente creo recordar que solamente lo vimos en dos ocasiones. En la primera sin mucha suerte, el animal es bastante desconfiado, una vez nos bajamos del coche puso rápidamente una gran distancia entre nosotros. Nuestro 200mm, incluso para los que tenían multiplicador, no era suficiente. En una segunda ocasión, justo cuando dejábamos el Parque Natural de Torres del Paine, se dejaron fotografiar unos minutos, eso sí, corriendo de un lado a otro entre guanacos.

Pingüinos - Otway

Pingüinos – Otway.

Las aves era otro de los platos fuertes de la zona, sobretodo los buitres locales. Hubo un buitre muy joven que se dejó que nos acercásemos bastante mientras descansaba sobre una roca. Hasta que perdió la paciencia y se marchó hacia la siguiente roca. Y después ya se fue a otro zona, junto un grupo de ellos que estaba volando a gran altura, ya lejos de nuestras cámaras. Varias veces por el camino de una esquina a otro paramos a fotografiar las aves rapaces que nos encontrábamos posadas en árboles.

Joven buitre.

Joven buitre.

Pero si realmente hay un animal en la zona que se pueda considerar el rey, y también el más peligroso, es el puma. Teníamos el grupo un pelín dividido con respecto a él, varios querían ir a intentar fotografiarlo, otros pensábamos que era mejor ni intentarlo. Según nos contaron los guardas forestales, la mejor forma de conseguirlo verlo era ir de noche antes del amanecer por ciertos senderos donde se sabía que el “gatito” tenía varias guaridas. Justamente al amanecer el puma está volviendo a su guarida después de cazar durante la noche, y es buen momento para fotografiarlo. Como solamente teníamos como máximo un 200mm la verdad es que para mí gusto personal era acercarse demasiado a un gato tan grande. Y menos después cuando te dicen que si te topas con uno, lo que tienes que hacer es fríamente mirarle a los ojos mientras caminas hacia atrás, que si le das la espalda probablemente te ataque. Yo había ido a fotografiar amaneceres y atardeceres, ¿no?

Amanecer con Guanacos

Amanecer con Guanacos.

El día que ya estábamos de camino de regreso a Punta Arenas, a unas 12 horas de coger nuestro avión de vuelta a Europa, paramos en Otway para acercarnos a una reserva de pingüinos de Magallanes. La verdad es que llegábamos un pelín justos de tiempo, dado que la reserva cerraba en una hora después de nuestra llegada. El tiempo justo para coger la cámara y empezar a caminar la pasarela que te llevaba a la zona donde suelen anidar los pingüinos, que en ese momento estaban regresando del mar, después de una larga jornada pesquera. Realmente pocos animales más cómicos que el pingüino andando sobre tierra debe haber, pasamos una buena hora observándolos, y ellos tan tranquilos siendo observados.

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Antes de marcharnos de Torres del Paine nuestro amigo Alejandro Blanco nos tenía preparada una pequeña excursión. Nos íbamos de visita al Glaciar Grey. Visita que debía incluir una pequeña ruta en barco hasta el mismo y una pequeña caminata por encima de él. Esto último al final no fue posible. Y menos mal que ni siquiera se nos ocurrió intentarlo, a pesar de las ganas que teníamos.

Día lluvioso en el Grey

Día lluvioso en el Grey. © David García Pérez 2013.

Después de fotografiar el amanecer en los Cuernos del Paine pillamos la camioneta rápidamente y nos dirigimos hasta el Lago Grey donde deberíamos pillar un barco que nos llevaría hasta el glaciar. Alrededor del lago se encuentra una de las zonas que sobrevivió al incendio del 2012 y está muy vigilada y protegida. La única forma de llegar hasta el campamento desde dónde se pueden empezar las rutas a pie sobre el glaciar es en barco.

La cosa no pintaba especialmente bien, el tiempo amenazaba con lluvia y Torres del Paine parecía querer recordarnos, en nuestro último día ahí, que es una zona de fuertes vientos. Nunca pensé que navegar por un lago sería como atravesar unos rápidos.

Preguntamos sí la excursión se iba a realizar o no y, como en aquel momento la lluvia todavía no había empezado a caer, nos dijeron que lo mejor era subir al barco y llegados al campamento ya veríamos lo que hacíamos.

Hielo y roca

Hielo y roca. © David García Pérez 2013.

Así que allí nos fuimos, caminamos hasta el embarcadero, nos dieron los oportunos chalecos salvavidas y para la lancha que nos debería llevar hasta el barco, que estaba más a dentro del lago, en una zona de mayor calado.

En el barco ya nos informan de que tardaremos un cacho en llegar hasta el glaciar, y dado que una vez el barco se encara hacia el centro del lago para empezar a navegar hacia el Glaciar Grey, la fuerza del viento se notaba muchísimo más. Por ese motivo la guía del viaje nos informó que no debíamos subir a cubierta hasta que llegásemos.

Mientras estábamos abajo, la guía del viaje nos empezó a comentar detalles históricos del glaciar mientras las olas golpeaban duramente la ventana que tenía detrás de ella. El Grey forma parte de lo que se conoce como Campos de Hielo Sur, y tiene una anchura de 6 km y una altura de unos 30 metros. El glaciar se encuentra actualmente en retroceso.

Hielo azul.

Hielo Azul. © David García Pérez 2013.

Al desplazarse, esta enorme masa de hielo va puliendo la piedra que tiene por debajo, haciendo que partículas de piedra gris se añaden al hielo. Al fundirse esta agua en lago crean este color grisáceo que le dio su nombre (grey es gris en inglés). El nombre le fue dado por Lady Florence Dixie en su libro Across Patagonia (la guía lo recomendaría diciendo que la autora era muy poética en sus descripciones, realmente me he leído como el 30% del libro y me cansó un poco los comentarios de las clases altas inglesas del siglo XIX creyéndose superiores tanto a esclavos como sirvientes).

Durante esta travesía ya nos confirmaron que la ruta no iba a ser posible. La gente que la organizaba decidió que, con las condiciones temporales actúales, sería muy arriesgado intentar hacer una caminata sobre el hielo. Tendríamos que continuar con el resto del pasaje viendo el glaciar desde la cubierta del barco.

Mientras aceptábamos que no podríamos caminar por el glaciar la guía nos contó la historia de por qué el que toma calafate siempre regresará a Patagonia tarde o temprano. Nosotros, como nos estaba encantando el viaje decidimos tomar más calafate posible. Y fuese en forma de licor o cerveza.

Hielo y colina.

Hielo y colina. © David García Pérez 2013.

Una vez llegados hasta las dos lenguas del glaciar nos dejaron subir a cubierta donde continuamos haciendo fotos, mientras nos daban un pequeño chupito enfriado con hielo del propio glaciar. La fuerza del viento hacía hacer fotos fuese todo un reto. Hacías una foto, protegías tu cámara con tu cuerpo mientras secabas todo el agua que arrastraba el viento contra la lente, y volvías a repetir la operación para la siguiente foto.

Después de un rato, de vuelta a dentro del barco, hasta que regresamos al punto de partida, el hambre ya apretaba y había que buscar donde comer.

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Estaba toda la semana pasada dando vueltas que tenía que escribir mi siguiente artículo sobre nuestro viaje a Patagonia organizado por nuestro amigo Alejandro Blanco y, curiosamente, leí un artículo de David duChemin en su revista Photograph completamente relacionado con lo que creo que me pasó aquí, y ahora mismo me doy cuenta.

Anochece en el Lago Pehoé

Anochece en el Lago Pehoé. © David García Pérez 2013.

El artículo básicamente giraba entorno a al hecho que muchas veces los fotógrafas/os nos olvidamos cuando salimos hacer fotos, llevar una mente abierta. Iba, o tal vez íbamos, buscando un tipo concreto de imágenes, que creo que nos condicionó bastante a la hora de afrontar lo que se nos ofrecía en cada momento a la hora de fotografiar. Pero me estoy adelantando a los acontecimientos. Vayamos paso por paso a la historia que nos llevó hasta aquí.

Viento en los Cuernos

Viento en los Cuernos. © David García Pérez 2013.

En el artículo anterior ya había comentado que estábamos acampados en el Camping Pehoé que está al lado del lago que le da nombre y con los inconfundibles Cuernos del Paine como fondo en el paisaje, nuestro objetivo a fotografiar en esta etapa del viaje. Queríamos una fotografía de los Cuernos, ya fuese de amanecer (probablemente la opción más interesante) o de anochecer, con los Cuernos iluminados por el sol, con esa tonalidad naranja que pillan a esas horas.

Rio Paine y los Cuernos

Rio Paine y los Cuernos. © David García Pérez 2013.

Nuestro primer intento de fotografiar los Cuernos fue la primer atardecer que llegamos al camping. Exploramos un poco la zona para ver las posibilidades que nos ofrecía el propio camping y un hotel cercano que se encontraba en una isla en medio del Pehoé. El camping parecía mucho más prometedor, así como las posibilidades fotográficas para la tarde, con un sol sin nubes casi todo el día y las montañas completamente descubiertas la cosa prometía.

Anochece en el Pehoé

Anochece en el Pehoé. © David García Pérez 2013.

Después de cenar nos preparamos en la pequeña “playa” de piedras al lado del camping esperando a una puesta de sol que nunca llegaría a producirse. La zona por donde se ponía el sol estaba completamente tapadas por una gruesa capa de nubes bajas. Los cuernos con una luz plana y nubes en movimiento era lo máximo a lo que podíamos aspirar.

El día siguiente decidimos explorar la zona de Salto Grande, la cascada con la que termina el río Paine en el lago Pehoé. El viento era imposible. Antes de llegar a una cascada, protegidos por una loma, decidimos tomar unas cuantas fotos de un campo con los Cuernos de fondo. No es que la luz estuviese en su momento ideal, pero el viento, para variar, ayuda con la composición. Una vez llegabas al lado de la cascada, el viento golpea con tanta fuerza que poca gente se quedaba mucho rato a observarla. Pocos minutos estuvimos ahí y nos movimos río arriba, donde había otra zona de cascadas más pequeñas y otra bonita loma que nos protegía del viento. Nuestro objetivo principal era llegar hasta un mirador de los Cuernos que estaba más adelante, el viento nos hizo cambiar de idea.

Amanece en el Pehoé

Amanece en el Pehoé. © David García Pérez 2013.

Después de cenar tocaba el momento de decidir a donde ir hacer la foto. Después de debatir durante un buen rato, la elección fue ir a ver las vistas que había desde una loma cerca del Hotel Explora Patagonia. Ofrecía una completa visión del Pehoé con los Cuernos de fondo. Aunque también teníamos el problema que estábamos más alto y nada protegidos. La única forma de hacer fotos era sentarse pegados al suelo con el trípode también lo más bajo posible y componer así, la fuerza del viento era notablemente menor. Pero la suerte seguía sin acompañar. El sol estaba completamente tapado por nubes bajas, nubes que de vez en cuando nos soltaban alguna gota de lluvia para hacer las cosas más interesantes.

Ejercicios de composición en los Cuernos

Ejercicios de composición con los Cuernos. © David García Pérez 2013.

La ventaja de aquella localización es que estaba justo al lado del camping. A la mañana siguiente decidimos intentar hacer el amanecer desde ahí. Lo que implicó que ese día, para variar, dormimos más de 5 horas seguidas, algo no muy normal en este viaje. El viento nos daba algo de tregua con respecto a la noche anterior. No nos confundamos, soplaba que daba gusto, simplemente menos que antes. De esta vez tuvimos probablemente el mejor amanecer que íbamos a conseguir en los Cuernos, el único problema, es que estos estaban tapados por una serie de nubes. Como veis en una de las fotos que acompañan a este artículo, la nube que está al lado de los Cuernos tomó un bonito color rojizo… los Cuernos, no.

Rio de árboles muertoe

Rio de árboles muertos. © David García Pérez 2013.

La desesperación se empezaba a notar. Nos quedaban dos atardeceres y dos amaneceres, y el tiempo en vez de mejorar parecía ir a peor. Después de dar vueltas por ahí preguntando sobre donde ver pumas (nunca llegamos a ver uno), explorar más la zona y viendo que el anochecer no nos iba a dar nada de color, decidimos acercarnos a una zona donde quedaban gran cantidad de troncos quemados, resultado del desastroso incendio que quemó gran superficie del Parque Natural en 2012. Las posibilidades compositivas era increíbles, estuvimos bastante tiempo en la zona, hasta bien entrada la noche. Después de tanta frustración, creo que fue el momento que mejor lo pasé, fotográficamente hablando, en el viaje. Como comentaba al principio de este artículo, me había olvidado de la foto que había venido buscando, había abierto mi mente a nuevas posibilidades.

La luna y los Cuernos del Paine

La luna y los cuernos. © David García Pérez 2013.

Tan bien nos lo pasamos ese atardecer, que a la mañana siguiente decidimos volver a intentar pillar el amanecer ahí. Si no hay color, como esperábamos, al menos nos volveremos entretener entre los troncos quemados. Fue una visita breve, que teníamos que estar temprano en el Lago Grey para nuestra visita a su glaciar, pero eso ya es otra historia que contar.

Nos quedaba solamente dos posibilidades más, un atardecer y un amanecer, justo antes de empaquetar todo y tomar nuestro camino hacia Argentina. El atardecer fue de lo más soso, y la verdad es que ni me he molestado en editar ninguna de las fotografías que hice ese tarde. El amanecer ni existió, una densa lluvia caía a la hora que tenía que salir el sol, así que para variar, en vez de levantarnos antes de las 5 de la mañana como hacíamos todos los días, nos volvimos a meter en los sacos y dormimos hasta la 8. La foto que buscábamos tendrá que ser hecha cuando regresemos ahí, que para eso no nos hartamos de beber cerveza de calafate. Pero el porqué ya os lo comento cuando os hable del Lago Grey.

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Nuestro tercer día tocaba llegar hasta el lugar más esperado por todos, las Torres del Paine. Después de un amanecer en Puerto Natales, el organizador de nuestro viaje, Alejandro Blanco llenó el deposito de combustible hasta los topes de nuestra furgoneta. Una vez dejásemos Puerto Natales conseguir combustible sería casi imposible. No hay gasolineras cerca del parque, y la única forma, ya casi en caso de emergencia, sería preguntar en los diversos hoteles si nos la vendían a unos precios, por decirlo de una forma, poco económicos.

Amanecer en Torres del Paine

Amanecer en Torres del Paine

El camino desde Puerto Natales pronto pasaría a ser una carretera de tierra, el último vestigio de población que vimos fue la pequeña villa de Cerro del Castillo. Pronto entraríamos en una zona donde mirases a donde mirases lo raro sería ver una casa. Bueno, algún hotel de lujo había por el camino, obviamente fuera de nuestro limitado presupuesto.

Nuestro destino era llegar hasta el Lago Azul, al norte del parque natural, camino lento dado que cada segundo había que parar a fotografiar manadas de guanacos con las que nos cruzábamos.

En el Lago Azul se encuentra un camping gratuito donde puedes estar un máximo de 1 noche. Y allí era nuestra primera parada. Antes de ponernos a comer haciendo unos bocadillos con las provisiones compradas anteriormente tocó montar el campamento. A pesar de que no hacía ni pizca de viento, todo completamente calmado, colocamos las tiendas bastantes protegidas en caso de que la situación cambiase, y vaya si cambió durante la noche.

Amanecer en Torres del Paine

Amanecer en Torres del Paine, un minuto después.

Mientras hacíamos fotos a unas flores esperando la puesta de sol, empezamos a temer por lo peor. Los cielos despejados que tuvimos todo el día se convirtieron en una sucesión de rápidas nubes que amenazaban con tapar las famosas montañas que dan nombre al parque, Las Torres del Paine.

La puesta de sol no deparó mucho de sí, con unas nubes tapando por completo las torres y unos bellos colores en el cielo, detrás nuestra, dónde no había mucho con lo que acompañar las fotos. Tocaba irse de vuelta a las tiendas y desear que el amanecer a las 5:00 de la mañana deparase mejores cosas.

Personalmente no me costó mucho despertarme, a las 2:00 de la mañana empezamos a conocer en nuestras carnes los famosos vientos de la zona. A pesar de estar en una zona bastante abrigada los golpes de viento en la tienda se notaban, haciendo que uno durmiese menos de lo deseado y con serias dudas de como estaría la situación en el amanecer.

Mis temores no se cumplieron, los vientos no trajeron un montón de nubes, las torres estaban ahí esperándonos para ser fotografiadas, y rápidamente nos montamos en la furgoneta para llegar hasta una zona que habíamos visto el día anterior. Todo prometía que el amanecer iba a ser de lo mejor, menos por un detalle. El viento era horrible, era imposible conseguir que mi 70–200 estuviese estable (tengo que estudiar seriamente el anillo que aguanta mi lente a la rótula), con liveview puesto en zoom 10x claramente se veía como la imagen trepidaba un poco. A regañadientes no quedó más remedio que subir el ISO a 800 para conseguir una velocidad de disparo por encima del 1/100 y así evitar que dichos golpes de viento afectasen a la imagen final. Si exceptuamos eso, tuvimos uno de los mejores amaneceres de todo el viaje.

Guanaco delante de las Torres

Guanaco posando delante de abundante grupo de fotógrafos.

Mientras bajábamos de regreso a la furgoneta vimos un grupo de guanacos en el camino y decidimos estar fotografiándolos un rato (fotos de animales irán en otro artículo), para después irnos al camping, desmontarlo todo, y poner camino al Lago Pehoé y su camping, donde dormiríamos el resto de los días que íbamos a estar en el parque.

Estaba claro que ya estábamos en la zona por donde se suele mover la gran parte de los turistas, nos cruzamos durante el camino con un montón de ellos, y otros tantos que vimos pasar mientras pagábamos el permiso de entrada en el parque natural (esta zona no era de libre acceso como en el caso del Lago Azul). En Pehoé tocó volver a montar el campamento y volver a sentir algo de civilización, dado que a parte de un restaurante, dónde iríamos a comer todos los días, también tenían internet por satélite (paciente tenía que ser uno…). Una de las pocas zonas en el parque donde podías decir a tu familia que seguías vivo, dado que no hay servicio de telefonía en ningún lado.

Al amanecer siguiente, con más prisas de las deseadas nos acercamos hasta la famosa cascada Paine en el río Paine a fotografiar el amanecer. El viento seguía pegando fuerte, pero aquí estábamos un pelín mas resguardados que en el caso anterior. A parte de que el grueso de las fotos las hice con el 17–40, que no presentaba el mismo problema que mi 70–200.

Cascada Paine

Amanecer en Cascada Paine.

Y este fue la última vez que nos pasamos a fotografiar las Torres. A partir de este momento comenzaba nuestra desesperada odisea de fotografiar los Cuernos del Paine con buena luz. Pero eso ya es otra historia.

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La segunda parada en nuestro viaje fotográfico por la Patagonia y organizado por nuestro amigo Alejandro Blanco fue Puerto Natales. Bueno, lo correcto sería decir que fue la segunda y una de las últimas, dado que Puerto Natales se considera entrada del Parque Nacional de Torres del Paine y por donde volveríamos unos 14 días después, ya casi despidiéndonos de la Patagonia de la que nos habíamos enamorado. Así que esta pequeña ciudad casi se convertiría en nuestra bienvenida y nuestra despedida.

Anochece en Puerto Natales

Calma en Puerto Natales.

Puerto Natales se localiza a las orillas del Canal Señoret y es la ciudad más cercana al Parque Nacional de Torres del Paine. Tal vez por esto, casi todos los comercios que veíamos parecían centrados en hacer negocio con las grandes cantidades de turistas que día tras día se acercan a visitarlo. Desde restaurantes, pasando por las típicas tiendas de recuerdos, hasta agencias que te organizaban cualquier tipo de excursión o te facilitaban los alquileres de coches. Ahora mismo están intentado ampliar su pequeño aeropuerto para que puedan operar aviones más grandes y modernos. Lo cual probablemente no está haciendo mucha gracia a sus vecinos de Punta Arenas.

Amanece en Puerto Natales.

Amanece en Puerto Natales.

El nombre de Natales viene del río del mismo nombre que pasa por el pueblo. En el año 1894 dos alemanes andando por al zona se encontraron con el río el 24 de Diciembre y decidieron ponerle el nombre de “Natalis,” que en latín significa nacimiento. Poco a poco a la zona llegaron más colonos alemanes, con lo cual el gobierno chileno decidió reservar una zona de unas 200 hectáreas para la construcción de una futura ciudad el 18 de Mayo de 1906. Oficialmente Puerto Natales se fundaría el 18 de Mayo de 1911.

La lluvía llega a Puerto Natales

La lluvía llega a Puerto Natales.

Y tal como podéis empezar a imaginar por las fotos que os estoy mostrando con el texto del artículo el mayor atractivo fotográfico fue la pequeña “playa” al lado del canal con su pantalán completamente destrozado. La verdad es que con la vista que tenía alrededor era bastante impresionante. Nos faltó un buen amanecer ahí los días que estuvimos, pero algo pudimos hacer.

Soleado amanecer en Puerto Natales

Soleado amanecer en Puerto Natales.

En el camino de vuelta estaba claro que tanto amanecer a las 5:00 de la mañana y anochecer a las 22:00 había acabado con nosotros. El ritmo en la ciudad era muy distinto, disfrutando tranquilamente de los salones del Hostal Amerindia mientras terminábamos de asegurarnos que todos los backups de las fotos estaban bien hechos. O acercándonos hasta la Estancia Consuelo para disfrutar de un magnífico cordero al palo (denominación chilena), una magnífica forma de decir adiós a nuestro periplo por Chile y Argentina (con el permiso de una sesión fotográfica a pingüinos que tuvimos al día siguiente).

Fotógrafos en la hierba.

Fotógrafos en la hierba.

Y hasta aquí han llegado las fotos de muelles, en las siguientes entradas los platos fuertes y demás animales.

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¿Quién me iba a decir a mí que gracias a conocer a mi amigo Alejandro en un taller invernal en Urbasa acabaría en la otra punta del mundo el año pasado? Este fotógrafo chileno se pasó el 2012 por este hemisferio norte y el pobre tuvo la mala suerte de conocerme a mí, y aún por encima tener después de aquel taller que aguantarme como amigo. Rápido escapó de vuelta a Chile, donde nos organizó un tour fotográfico por el sur de su país, y hasta allí nos fuimos este pasado mes de Diciembre un grupo de amigos (Toni, Manel, Alex, y Albert).

Fueron unos 15 días de viaje por la Patagonia (y tranquilos, no será como la narración de mi viaje a Escocia, no tendréis 15 entradas narrando hasta el último detalle de cada día, iré por zonas). 15 días que recordaré siempre, con una compañía inmejorable (bueno, estoy exagerando un poco…), y un guía fantástico.

Pantalán en Punta Arenas

Mirando al Estrecho de Magallanes en Punta Arenas.

Después de casi un interminable día volando, de Barcelona a Madrid, de Madrid a Santiago de Chile y de Santiago de Chile a Punta Arenas, llegamos a nuestro primer destino del viaje. Nuestro único objetivo aquí era descansar después de estar casi un día sin dormir en el avión.

Embarcadero en Punta Arenas

El sol ya se ha puesto en Punta Arenas.

La ciudad de Punta Arenas está casi al sur de todo de Chile y al lado del Estrecho de Magallanes, y básicamente hasta allí fue a donde nos acercamos hacer fotografías de puesta de sol. Después de dedicar el día a recorrer la ciudad, hacer compras para los días de acampada que teníamos por delante y disfrutar de la gastronomía chilena, en particular a empezar a ingerir Calafate aunque fuese en forma de cerveza (los motivos ya los explicaré en otra entrada).

Poco a poco iré poniendo el resto de las fotos y historias. Llevará tiempo dado que soy un desastre y todavía no tengo ni el 10% seleccionado ni procesado, pero la vida de vez en cuando se pone en medio de los temas importantes.

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Sí una cosa tenía clara al comenzar el año es que mi objetivo fotográfico y vacacional sería intentar ir a visitar a mi amigo Alejandro Blanco en Chile y ir con él, y otra gente, hasta la Patagonia a pasar unos cuantos días fotografiando paisajes increíbles.

Tengo que reconocer que el camino hasta aquí no ha sido fácil, hubo que negociar bastante en el trabajo para asgurar los días, y no estaba claro que el grupo de gente con el que tenía pensado ir podrían conseguir ya sea las vacaciones o el dinero para el viaje. Pero parece que al final todo está empezando a tomar buen rumbo y yo diría que las posibilidades de ir se han incrementado hasta el 95%.

Y ahora que Alejandro nos ha preparado un incréible tour, Andes Photo Travel – Patagonia (sólo dos vacantes disponibles, daros prisa si queréis apuntaros!!!), hay que ir sí o sí. En sus propias palabras:

Si buscas fotografiar paisajes mundialmente reconocidos por su espectacular belleza, aprovecha esta oportunidad única de viajar a la Patagonia en un viaje pensado exclusivamente para fotógrafos a un precio que difícilmente encontrarás con otras agencias o fotógrafos.

Yo ya estoy deseando que llegue diciembre, que pase este aburrido verano de trabajo, coger la mochila, trípode, y a pasarme pocas horas durmiendo mientras intento fotografiar (lo que espero que sean) increíbles amaneceres y anocheceres.

Más información: Andes Photo Travel – Patagonia 2013.

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Mi amigo Xavi Moya me enseñó el trailer de esta película. Su objetivo no era que me interesase por la película en sí, sino para picarme aún más con el proyecto de ir a fotografiar la Patagonia Chilena. En parte consiguió su objetivo, cada vez tengo más ganas de ir a Chile, pero por oro lado, me entró la curiosidad por la película y les compré el DVD.

La Quête D’Inspiration (La búsqueda de la inspiración), es una película de Mathieu Le Lay sobre el fotógrafo francés (y supongo que amigo personal suyo) Alexandre Deschaumes, donde muestran parte de sus viajes a Patagonia, Islandia, Alpes, Bretaña… Unos 52 minutos de auténtico disfrute de paisajes inolvidables.

La película que viene en francés y con opción de verla en inglés podría ser perfectamente muda. Uno simplemente se relaja en el sofá disfrutando de los paisajes que se nos muestran, y mientras tanto, entre paisaje y paisaje, escenas de como esta gente se va preparando para hacer la foto.

Y tal vez te pase como a mí al verla. La película te sabrá a poco. Menos mal que han incluido todas las escenas extra, horas y horas de metraje que grabaron para poder montar estos 52 minutos de película. Muchos de estos making of nos enseñan como grabaron algunas escenas usando cuadricopteros o cargando el director como una mula con un dolly (riel para cámara) montaña para arriba, montaña para abajo (a parte claro está de la cámara, lente, trípodes, tienda de campaña, comida, saco de dormir…).

Una cosa queda clara, si esta película la ve alguien que no esté acostumbrado a la fotografía de paisaje, al final de la misma se quedará con la impresión que para hacer un buena foto hace falta ir corriendo de una esquina a otra cargado como una mula con una gran mochila llena de equipo fotográfico y un trípode. Bueno, supongo que de alguna forma habría que poner un poco de emoción a la película, la cual, a pesar de esta pequeña crítica, si te gusta la fotografía, merece mucho la pena verla.

Ahora a parte de lo de la Patagonia, y otros sitios como ya hace tiempo que quiero ir, Islandia, creo que tengo que empezar a investigar estos bosques de los Alpes que enseñan en pleno otoño…

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